Los que callan, otorgan

‘El que calla otorga’, dice el refrán popular que a los mexicanos nos urge entender y atender en serio, para no quedarnos como el chinito, nomás milando la elección del próximo presidente de la República.

De por sí, los refranes o proverbios merecen consideración y respeto, porque “señalan qué actitud conviene adoptar en cada situación, o extraen las consecuencias de una circunstancia, entrañando en cualquier caso un fin didáctico y aleccionador y convirtiendo la anécdota humana en tema de reflexión”, según explica el especialista español Felipe C. R. Maldonado.

Además, como escribió Miguel de Cervantes Saavedra en Don Quijote de la Mancha, porque los refranes “son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos ancianos”.

Pero en este año electoral, el refrán que merece especial consideración y respeto, que nos urge entender y atender en serio a los mexicanos, es ‘el que calla otorga’.

Nomás chequen el significado, pues explica bien y clara la razón de lo que digo: “se refiere a las personas que no hablan a su favor o en un asunto que les importa, que guardan silencio y no presentan ninguna objeción sobre lo dicho o expresado, por lo que el interlocutor da por hecho que están de acuerdo, que le están concediendo la razón”.

Es obvio que los candidatos y sus partidos entienden el refrán, y que les resulta cómodo y útil. Porque cuando los ciudadanos callan, dan por hecho que aprueban y aceptan lo que dicen.

Al menos eso parecen hacer, nomás milando y escuchando la displicente condescendencia con que intentan convencer a los electores, la escasa sustancia de sus ideas, opiniones, propuestas y actitudes, y la pedestre belicosidad de sus ‘debates’ de campaña. Tan seguros y conformes parecen con el presunto aval de los callados, que desprecian las expresiones minoritarias o eligen la que más les conviene en cada caso, alimentando así la crisis de legitimidad que las encuestas revelan.

Sí, es evidente que muchos mexicanos no callan, al contrario, dicen abiertamente lo que piensan de los políticos… en redes sociales. Ahí farfullan a gritos, increpan, maldicen y ridiculizan a todos los que aspiran a cargos de elección, pero son recriminaciones que parecen más desahogos viscerales y pasajeros… estridentes, pero silenciosos.

Sin embargo, para que los ciudadanos influyan de veras sobre la elección democrática de candidatos, necesitan participar en la discusión de los asuntos que interesan a todos con más sentido y propósito.

Como dice Azucena Serrano Rodríguez, ganadora del Quinto Concurso de Ensayo Político ‘Carlos Sirvent Gutiérrez’, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en 2016.

“No importa que sea una democracia directa, representativa, deliberativa o participativa; cualquiera de éstas necesita de la participación de la gente. En efecto, en la primera, para tomar decisiones y llegar a acuerdos; en la segunda, para formar los órganos de gobierno y elegir a nuestros representantes; en la democracia deliberativa, porque es la forma en que los ciudadanos se hacen escuchar en la toma de decisiones públicas.

“En síntesis, la participación de los ciudadanos es sustancial porque modera y controla el poder de los políticos y porque la sociedad se hace escuchar en la toma de decisiones”.

Sin participación ciudadana, la probabilidad de que una minoría imponga sus intereses es enorme. Y si una minoría prevalece, parafraseando a Barack Obama, “este país no tendrá futuro como una sociedad libre”.

Porque en la política, como dice el refrán, los que callan otorgan.

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