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IGUALA, Gro., 23 de noviembre de 2025.- Canto de libertad y esperanza, es un documental que mezcla el blanco y negro y las tomas a color, juega con el tiempo y los recuerdos de los protagonistas y de los testigos de una época con música de rock and roll, blues, Joan Baes, Jimmy Hendrix y Carlos Santana, así como las luchas de los años de 1950 y 1950 en México y otros caminos y fechas como el Mayo Francés.
El 22 de noviembre, día de la Santa Cecilia, patrona de los músicos no es casualidad, tampoco lo es que la proyección se lleve a cabo en el cine Villa Olímpica, en los caminos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Este documental de Óscar Carrillo y Fernando Morán nos obliga a recorrer y a recordar con las canciones, con sus intérpretes y autores nuestra relación con la vida en tiempo y espacio y valorar la forma y el fondo de cada canción cantada en una marcha, una huelga o en una peña.
En el recorrido fotográfico vemos a Óscar Chávez, Judith Reyes, Amparo Ochoa, José de Molina, que son de los muertos que nunca mueren.
También vemos a grupos como Salario Mínimo, Canek, La tribu de la paz, Los Nakos, y a músicos con la calidad de Rafael Mendoza, Guillermo Briseño y Gabino Palomares o León Chávez Teixeiro.
Una muestra de cómo la rebeldía de esas épocas recurría a los diversos géneros musicales para compartir una historia, un testimonio, un sentir y un pensamiento.
Podemos escuchar y ver a los protagonistas en el paso del tiempo, en su ayer, su ahora, recorriendo viejos y nuevos senderos, haciendo camino al andar. A Ismael Colmenares, fundador del grupo Los Nakos, reconstruyendo una identidad antiracista.
Recordando cómo surgieron Los Nakos como una brigada propagandista en el movimiento estudiantil de 1968, sus parodias, Los primeros festivales públicos, masivos y solidarios. Con letras acordes a las necesidades del movimiento.
A un Gabino Palomares, autor de La Maldición de Malinche, una canción que él mismo señala era un panfleto necesario. A Guillermo Briseño, roquero de corazón, quien defendió que no solo es necesario decir algo sino decirlo con la belleza necesaria y aseverar que los pueblos en sus luchas han creado sus propias canciones, para testimoniar y compartir, como en los corridos de La Revolución, en la lucha de Juárez y la Independencia. Y compartió un Blues para (Carlos) Marx.
En los años 70s surgieron Las Peñas. Espacios, cafeterías, para compartir la música, la poesía y el debate social de esos momentos. Antar y Margarita fundaron La Peña Tecuicanime. Ahí estuvieron voces de Amparo Ochoa, Los Nakos, y otros cantautores que no contaban con otros espacios que no fueran las plazas públicas.
Comentaron que en alguna ocasión fueron invitados a cantar en un Café Concert, antes de crear La Peña, y que cantaron una canción de Violeta Parra, compositora chilena y que llegó el responsable y les dijo que estaba prohibido cantar de política. "Abandonamos el lugar y detrás de nosotros salió mucha gente. Cuando inauguramos La Peña Tecuicanime, al llegar ya estaba una gran fila para entrar”.
La música Latinoamericana, como el Condor pasa, entre muchas otras tuvieron un gran impacto, así se crearon grupos musicales en ese género musical como Los Folkloristas, quienes no solo interpretaban música y canciones de México, sino en Latinoamérica con una profunda investigación y elaboración de algunos instrumentos para interpretar la música lo más original posible, como se cantaba o tocaba en las comunidades.
La discusión entre esos grupos y músicos se reflejaba en los encuentros. En 1977 se realizó el Segundo Encuentro Nacional de la Canción Política, en el Campamento 2 de Octubre, en Iztacalco. Ahí estuvieron entre muchos otros Judith Reyes, una compositora y cantante comprometida con las luchas sociales; José de Molina, el Grupo Víctor Jara, con excelentes músicos y voces que musicalizaron el poema Vamos Patria de Otto René Castillo, Guatemalteco, y así se llamó su primer disco sencillo con canciones de Silvio Rodríguez y otros autores.
El debate era entre quienes pensaban que las canciones de Judith Reyes y José de Molina eran panfletos y lo que los "artistas hacían si era arte". Políticamente en esos encuentros había una identidad. Todos se consideraban de izquierda. Había de todas las corrientes de la izquierda de esa época. trotskistas, maoístas... De todos los colores y sabores.
Había quienes abiertamente en sus canciones convocaban a la guerrilla y hacían apología de la lucha armada y un abierto reconocimiento a personajes como el Che Guevara, Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos y a los hermanos Gamiz, entre otros.
Se habló también de las experiencias de organización como la LIMAR, Liga de Artistas y Músicos Revolucionarios.
Rafael Mendoza, compositor y cantante mexicano que defendió su forma de hacer su música. No cuestionó a nadie. "Hago lo que me gusta y como me gusta hacerlo”.
Alberto Híjar también expuso sus comentarios y consideró que sin esos músicos no hubiera habido cambios.
Así, al final de este testimonio documental, de gran valor histórico, hubo aplausos, abrazos, besos, fotografías y lágrimas en el día de Santa Cecilia.
Maruca González, del grupo de Los chidos del CLETA, del Llanero Solitito, al final del documental dijo: "esto es lo que nosotros hicimos. ¿Y ustedes?”.