Teléfono rojo
A la memoria de Pancho Garfias.
¿No que no?. Pesó más el control político que la vergüenza pública y se tropezaron con la misma piedra de Dato Protegido, exhibiendo las ansias censoras de un régimen que insiste en negar lo que los hechos confirman. Justo cuando juraban que no había intenciones ocultas con la Ley Antimemes que acaban de aprobar y que los caricaturistas y creadores de contenido satírico no tenían de qué preocuparse, censuran al periodista Paco Navarrete por un cartón que hace mofa de una desafortunada declaración de la diputada de Morena, Itzul Barrera.
Como podía esperarse, cundió la solidaridad con el cartonista censurado, al grado de volverse tendencia nacional, y la sátira que tanto molestó a la legisladora se viralizó en redes sociales. La soberbia autoritaria lleva a despreciar la respuesta social porque para eso tienen el poder, para castigar al insolente sin preocuparse de las consecuencias.
Volvieron a pervertir la figura de Violencia Política de Género, algo que se ha vuelto costumbre y lleva a preguntarse si no sería mejor eliminarla y así evitar que sigan usando la legítima lucha de las mujeres contra la violencia que padecen en una sociedad machista para perseguir a la prensa libre y atentar contra la libertad de expresión, mediante la solícita complicidad de instituciones políticamente capturadas.
Aunque la Constitución prohíbe las penas infamantes, la justicia electoral desnaturalizada para servir como herramienta de censura impone disculpas públicas, tal y como ocurrió con la ciudadana Karla Estrella por hacer irónica referencia al innegable conflicto de interés y posible nepotismo del diputado Sergio González Luna por conformar parte de la comisión que designó la candidatura de su esposa a una diputación federal. Los autócratas del obradorato son repelentes al sentido de humor, pero más allá de la obviedad preocupa la obsesión por publicar actos obligados de contrición.
La humillación de los herejes era propia de la Inquisición, pero esto se parece más a la maoísta Revolución Cultural donde también se forzaba a aceptar la culpa en la plaza pública, estigmatizando a los acusados, como un acto necesario para la reeducación y reinserción en la sociedad. La Sala Regional de Guadalajara estableció, en una sentencia que la Sala Superior dejó en firme al rechazar la impugnación, que Paco Navarrete pida perdón en video durante 15 días y hasta le escribió el guión de la misma, donde éste acepta haber cometido violencia simbólica, sexual, psicológica, digital y mediática. Es decir, el cartonista debe disculparse aunque no quiera, diciendo lo que no piensa ni siente. Otra joya del “humanismo mexicano”.
El hiperdifundido cartón en cuestión es un meme en el que a la diputada morenista se le cita textualmente: “Si Trump quiere poner aranceles, que le ponga 70% al aguacate. A ver, hagan american aguacate”; detrás de ella y sin asomarse le responde un productor con sentido común, “No, reina! ¡Nos quedamos sin venderlos!”. Como no puede quejarse por ser ridiculizada con sus propias palabras, acusa al periodista de “sexualizarla” por utilizar una foto que ella misma subió a Instagram – y tras el escándalo borró-, en la que se le ven recogidas sus piernas descubiertas. Pienso que el fundamentalismo islámico evita la sexualización de las mujeres con la burka.
Más ridículo aun que el triunfo cultural de la vela perpetua es ver segundas intenciones en el título del cartón. En la versión digital se lee “La diputada en su paraíso”. Como el espacio es más reducido en el impreso, no cupo la palabra diputada completa y la partieron como indica la Real Academia: “La diputa-” arriba y “da en su paraíso” en dos renglones abajo.
Los magistrados recurrieron al esoterismo para saber lo que el periodista quiso decir e imagino que Ibargüengoitia se hubiera divertido mucho con este drama gramatical, pero, al margen del humor involuntario de los inquisidores, si Navarrete hubiera querido difundir el mensaje subliminal de cierta profesión ancestral no habría diferencia entre ambas versiones.
La verdad es que no pueden ocultar su intolerancia. La senadora Lilly Téllez presentó en el pleno del Senado una sátira del régimen a manera de ilustración, un video editado por el influencer Vampipe en el que se parodia la caída del Tercer Reich. La senadora Ruth González Silva, quien aspira a suceder a su marido en la gubernatura de San Luis Potosí, reaccionó con furia exigiendo su modificación porque el cónyuge y gobernador aparecía en la cinta. A confesión de parte.
Por si quedaba alguna duda, López Obrador acusó en su reaparición que las redes sociales habían dejado de ser benditas y estaban capturadas, señal al oficialismo para que avancen en los mecanismos que les permitan censurarlas. Recurran demagógicamente a la figura de violencia política de género, a la propiedad industrial, a los derechos de autor o a salvar a la infancia de las pantallas, el objetivo real del obradorato es controlar la conversación pública.