Censura
Había oídos cerrados.
Las quejas no encontraban ecos en las instituciones de salud y menos en Palacio Nacional.
Por eso, en la desesperación, el personal médico y de limpieza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) decidió hacer pública su voz.
Reclaman todo: aumento salarial digno, trato laboral justo, abasto de medicamentos, instrumental en buen estado y mucho más.
Ahí agregue usted la destitución del secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), Rafael Olivos Hernández.
Rechazan el aumento de 2.9 por ciento directo al salario tabular negociado por él y por eso se manifiestan frente a instalaciones del Instituto, en plazas y calles.
Hay un problema:
Por estrategia de gasto público y de control inflacionario, el gabinete económico ha decidido no dar un incremento de dos dígitos a ningún gremio.
Ni gubernamental ni privado.
Es la determinación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) de Edgar Amador y del Banco de México (Banxico) de Victoria Rodríguez Ceja.
Esta decisión no cambiará en tanto el crecimiento del producto interno bruto (PIB) sea bajo, no aumente la productividad y no se contenga el índice inflacionario.
¿PULSO O INTIMIDACIÓN?
Los trabajadores se manifiestan.
Los apoyan muchos otros gremios, según han anunciado para la gran manifestación para este martes, pero ¿qué hacen mientras tanto las autoridades?
El gobierno difunde datos de optimismo: la atención médica se ha incrementado, aumentan sin cesar las consultas, se multiplican las intervenciones quirúrgicas, las medicinas se caben en los anaqueles, etcétera y etcétera y etcétera.
Como las movilizaciones amenazan con desbordarse y sobre todo empiezan a vertebrarse otros gremios con múltiples reclamos, desde el IMSS se preparan algunas acciones.
Una de ellas, extemporánea y sin garantías de resultados objetivos, es una encuesta en hospitales de segundo y tercer nivel para conocer la opinión de los trabajadores.
Ojo: no de las clínicas de primer nivel, donde las necesidades y las quejas son mayores, pues desde ahí se desatiende al derechohabiente y no se le remite a los otros niveles médicos.
¿Cuáles son las quejas del personal?
¿Apoyan en general al movimiento inconforme?
¿Cómo operan las instalaciones médicas del IMSS?
Esas y más preguntas.
Estos cuestionamientos son diferentes a la decisión presidencial de recorrer el país con visitas programadas -y por lo tanto en terreno barrido y trapeado- para conocer in situ cuál es la realidad.
Los preparativos de visita son un aspecto, pero hay algo más: el personal es preparado de antemano para contestar cuanto a la dirección de Zoé Robledo convenga a fin de dar una imagen favorable.
Y algo peor: la gente se sentirá intimidada porque si contesta objetivamente puede ser registrada, vigilada y por lo tanto sancionada si dice la verdad.