Las alternancias que no alternan
En una entrevista reciente, Carlos Reygadas (Japón, Luz silenciosa, Post Tenebras Lux) se refirió a una categoría que algunos críticos han empezado a nombrar: el “cine de autor audience-friendly”. La expresión es un oxímoron. De un lado, la tradición autoral, que expone al espectador a situaciones humanas límite sin ofrecerle garantías. Del otro, lo que he llamado cine programático: un cine construido a partir de formas estudiadas de reacción ante determinados estímulos visuales, sonoros y narrativos. El primero interroga al espectador; el segundo lo administra.
El célebre director Nanni Moretti ya puso en escena esta tensión en Il sol dell’avvenire (Italia, 2023). En esta sátira, unos ejecutivos de una plataforma de streaming exigen al cineasta un momento “what the fuck” colocado en un punto preciso del metraje. Es el equivalente del hook de las redes sociales, un dispositivo cuya única función es detener el scroll y retener una atención que el algoritmo mide segundo a segundo.
Contra el huracán (México, 2026), de Jorge Michel Grau (7:19, Rabia), camina sobre esa cuerda floja con el respaldo de amplios recursos de producción. La película sigue a Wirpul (Benny Emmanuel) y a su medio hermano Candi (Kristyan Ferrer), hijos huérfanos de un padre bígamo y ausente, que intentan sobrevivir a Otis, el huracán de categoría 5 que devastó Acapulco hace tres años. En una región atravesada por múltiples violencias, la naturaleza aparece como una más: tan cruda e indiferente como la que ejercen los hombres.
Rodada en los Estudios Churubusco y en locaciones de Acapulco y Ciudad de México, la película aspira a un comentario social bajo la forma de gran espectáculo fílmico. Opone dos mundos: están quienes cuidan los yates en mitad de la tormenta. Están también los dueños de las embarcaciones, encerrados en el ruido enajenante de las zonas más opulentas de la capital, ocupados solo en preservar sus bienes y un estilo de vida frívolo.
La alternancia entre ambos espacios no produce un choque de sentido sino una ilustración: cada plano confirma lo que el anterior ya había dicho. En este sentido, sorprende que el rigor técnico no alcance a la dirección de actores.
El acento suena un grado por encima de lo verosímil, y los diálogos ignoran los guerrerismos que se escuchan a diario en Acapulco. El habla debería anclar a los personajes en un territorio, aquí, en cambio, los vuelve representación de ese territorio. La paradoja es reveladora. Las únicas líneas convincentes pertenecen a los personajes concebidos como caricaturas: los que, con la fuerza bruta del poder económico y una ausencia total de empatía, empujan a dos jóvenes a jugarse la vida por un yate. Grau parece conocer mejor el lenguaje del despojo que el de los despojados.
La misma distancia se escucha en la mezcla de sonido. Falta ahí el enjambre auditivo que quienes vivimos aquella madrugada recordamos como un bucle diabólico. Era el sonido, más que la imagen, lo que volvía insoportable la noche de Otis. La película lo sustituye por un diseño sonoro funcional, ordenado para subrayar la acción y nunca para desbordarla. El huracán está en el encuadre, pero no en el fuera de campo, que es donde el cine produce inquietud y miedo.
Contra el huracán confirma que, cuando las narrativas autorales se someten a métricas de engagement, algoritmos y fórmulas comerciales, la búsqueda artística corre el riesgo de naufragar, o de quedar a la deriva en el oleaje, cada vez más espeso, del maldito algoritmo.
Edgar Rubio
*Coordinador de comunicación de Signis, la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, una organización no gubernamental con sede en Bruselas, Bélgica, con presencia en más de cien países, dedicada a la construcción de una cultura de paz a través de los medios de comunicación. También es coordinador de Comunicación del Diálogo Nacional por la Paz de México. Ha sido Jurado Signis y Jurado Ecuménico en los principales festivales de cine y televisión del mundo, como Cannes, Venecia, San Sebastián, Berlín, Hong Kong, Buenos Aires, Transilvania, Locarno, La Habana, Toulouse y Montecarlo, entre otros. Es productor y director de los cortometrajes Miserere (México, 2011) y Árbol (México, Francia, 2015). Y de los documentales The Bridge (Belice, 2023) y Heroes of a Media for Peace (Liberia, Bélgica, 2024). Su primer largometraje de ficción Cartas desde Bruselas (Bélgica, 2025) está en fase de postproducción.