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ACAPULCO, Gro., 17 de febrero de 2026.- El exgerente de bebidas y alimentos del extinto Club de Golf, Marco Antonio Luviano López afirmó que los venados y el Cerro del Molote eran atendidos por especialistas y que el campo funcionó con trabajadores técnicos especializados antes de la transición al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).
Señaló que hasta 2024, un año después del impacto del poderoso huracán Otis categoría cinco, existía un inventario de 70 venados que nacieron dentro del predio, luego de que se introdujera una pareja que se reprodujo.
El trabajador de servicios turísticos explicó en entrevista que veterinarios provenientes de Ciudad de México acudían de manera periódica a revisar el estado de salud de los venados, aplicaban vacunas contra garrapatas y acudían a desparasitarlos, para asistir en los partos y para el seguimiento en el registro de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) ante nuevos nacimientos; daban maíz quebrado y sal mineral en piedra, además del alimento natural del campo.
Indicó que tras el cambio de administración, asumida por el Fonatur el año pasado, los animales dejaron de recibir la misma atención y por ello han salido a buscar alimento en la zona de Condesa, sobre la calle María Bonita y la avenida Costera Miguel Alemán.
Marco Antonio Luviano dijo que durante los 21 años que laboró en el Club, el acceso al Cerro El Molote estuvo permitido al público en general, en un horario de 12 horas consecutivas, de las 6 a las 18 horas, con control en la entrada.
Mencionó que todas las personas, ciudadanos, funcionarios y hasta gobernadores subían a caminar sin restricción.
Explicó que el mantenimiento del campo requería de expertos, además de jardineros y regadores, y había mecánicos encargados de tractores y maquinaria que podaban diariamente el pasto de los greens y los fairways.
También se necesitaba la supervisión de un ingeniero agrónomo para aplicar fertilizantes, insecticidas y controlar plagas.
Detalló que la operación del Club de Golf incluía Casa Club con lockers, baños con vapor y sauna, gimnasio, lavandería industrial para toallas y una planta tratadora que potabilizaba agua residual para riego de áreas verdes, jardines y el paso del campo.
Sin embargo, señaló que el deterioro fue inevitable ante la falta de los recursos para insumos como gas, químicos o fertilizantes.
El también trabajador de los desaparecidos hoteles como Caleta y el Hyatt, recordó que en su etapa de estabilidad, el Club de Golf Acapulco llegó a tener aproximadamente 400 socios, lo que permitía cubrir nómina y generar excedentes para obras como salones para actividades sociales.
Con el paso de los años, agregó, la inseguridad, la pandemia de Covid 19 y los huracanes redujeron la membresía a unos 120 socios, insuficientes para sostener la operación.
Indicó que los empleados sindicalizados pertenecían a la Sección 34 y contaban con un contrato colectivo que incluyó 40 días de vacaciones, 40 días de aguinaldo y 40 días de reparto de utilidades, lo que incrementó el gasto cuando los ingresos se redujeron.
Sobre la percepción de exclusividad, afirmó que el golf fue considerado durante años un estilo de vida, más que un deporte, porque para practicarlo se requiere equipo costoso, ya que un bastón puede superar los dos mil pesos y un juego básico con bolsa puede alcanzar 25 mil pesos, además de calzado y vestimenta especial.
No obstante, aseguró que el restaurante y el bar del club estuvieron abiertos al público y que se promovía la visita para atraer nuevos socios.
Consideró que el espacio tiene una ventaja estratégica al ubicarse en la zona Dorada, dentro de la ciudad, lo que facilitaba el acceso de turistas hospedados en la franja turística.
A diferencia de otros campos situados en la zona Diamante, el de la zona Dorada no se inunda con lluvias intensas debido a su topografía.