Hoja verde
La celebración de la Copa Mundial de Futbol de 2026 representa uno de los acontecimientos internacionales más importantes que hoy vive nuestro país. No se trata únicamente de una competencia deportiva de alcance global, sino de una prueba de capacidad institucional, coordinación gubernamental y proyección internacional para México. En este contexto, resulta pertinente reconocer la responsabilidad con la que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha asumido la organización y acompañamiento de este evento histórico.
México es el primer país del mundo en albergar tres Copas del Mundo. Esta circunstancia coloca a nuestra nación en una posición privilegiada dentro de la comunidad internacional y ofrece una oportunidad extraordinaria para mostrar al mundo los avances económicos, sociales, culturales y democráticos alcanzados por nuestro pueblo. Sin embargo, los grandes eventos internacionales no se sostienen únicamente en la tradición o en el entusiasmo ciudadano, requieren conducción política, planeación estratégica y capacidad de coordinación entre múltiples instituciones. Precisamente ahí radica uno de los principales méritos del enfoque adoptado por la presidenta Sheinbaum.
Desde el inicio de su administración, la titular del Poder Ejecutivo Federal ha entendido que el Mundial debe concebirse como una política de Estado y no como un simple espectáculo deportivo. La magnitud del desafío obliga a coordinar esfuerzos entre el gobierno federal, las entidades federativas, los municipios, los organismos internacionales, el sector privado y la sociedad civil. Esta visión responde a una característica fundamental del Humanismo Mexicano: la convicción de que los grandes proyectos nacionales deben traducirse en beneficios colectivos y no únicamente en ganancias para intereses particulares.
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