IGUALA, Gro., 7 de febrero de 2019.- Esta mañana el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador homenajeó a los estudiantes de Ayotzinapa, a los 43, con él inició aquí, en este infierno igualteco con casi 40 grados centígrados de temperatura, el programa de Becas del Bienestar Benito Juárez dirigido a más de 13 millones de jóvenes mexicanos.

Sí aquí en la Iguala de la Independencia, en Iguala de la noche de los cuchillos largos, la de aquella noche del 26 y 27 de septiembre de 2014, cerca de la mítica terminal de autobuses, donde entonces, decenas de jóvenes fueron atacados, torturados y llevados a algún sitio en la tierra o en el cielo.

El presidente ofreció protección del gobierno y “consideraciones legales” a quien ayude a que se conozca la verdad sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Dijo: “Tenemos que saber la verdad, eso es una prioridad del nuevo gobierno, saber dónde están los jóvenes de Ayotzinapa”.

López Obrador insistió: “Ya queremos que eso se limpie y que iniciemos, conociendo la verdad, una etapa nueva en Iguala, en Guerreo y en todo México, ese es el propósito”.

Resaltó que el homenaje a los normalistas desparecidos no se limita a acciones de justicia social, sino también con “el compromiso de que se tiene que esclarecer lo sucedido”.

¿Qué es lo que cambió desde entonces? Si hace apenas un poco más de cuatro años, aquí, a unos metros de aquí, donde estudiantes politizados, pedían justicia, escuela y les dieron el infierno de las balas. Ahora, miles de estudiantes aquí, sin adjetivos, bien vestidos, bien uniformados, bien comidos, cabellos engominados, reguetoneros en flor, que cursan estudios en los Colegios de Bachilleres, Uagro, Tecnológicas, reciben becas y esperanzas para una vida mejor como la que buscaron los 43 ¿Y por cierto dónde estaba la presencia de La comunidad de Ayotzinapa? No se oyó el conteo simbólico, ni el dedo acusador que señala acertadamente: ¡Fue el Estado!

Más allá de aplausos y abucheos, más allá de acuerdos de civilidad política, más allá de alianzas, más allá de los intereses de una clase política que gusta del poder, la significación mayor del evento juvenil desde Guerrero para todo México, el éxito político del evento, fue el mensaje: el cambio de régimen inicia con justicia para Ayotzinapa.

El mensaje del presidente se basó en los siguientes ejes: hay una transformación que avanza hacia un cambio de régimen, hay una lucha contra la corrupción porque ésta ha frenado el desarrollo, justicia para los más pobres y justicia para aquellos que fueron abusados por el Estado.

El gobernador del estado con seguridad, aplomo, tomó el pódium, se dirigió al público y saludó a cada segmento. Aplausos, algunos tímidos silbidos entre la masa. Festejó el programa del gobierno federal y saludó efusivamente al presidente. Brevedad para este público acostumbrado al Facebook.

El presidente, en su momento, regresó el gesto y agradeció al gobernador la incorporación de campesinos al programa de fertilizantes gratuitos. “El gobernador nos ha ayudado” y expresó su agradecimiento.

En el presídium, los imprescindibles, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador; el gobernador del estado Héctor Astudillo Flores, el secretario de Educación federal Esteban Moctezuma; así como la encargada del programa, los beneficiarios, estudiantes y madres de familia.

El delegado federal Amílcar Sandoval arribó al evento en la misma camioneta donde venía el presidente y el gobernador. En otra camioneta, políticos del PRI: Héctor Apreza Patrón, la regidora Rosaura Rodríguez; el director de Transporte del estado y de Acapulco, Miguel Ángel Piña Garibay y Juan Barrios, con decenas de acarreados con playeras blancas y megáfonos de donde salían porras y el popular estribillo analista “Me canso ganso”.

Los políticos de Morena no dejaron escapar la oportunidad, por ahí se dejaron ver, aunque AMLO no los vio, a Eloy Cisneros, Zeferino Gómez, Antonio Helguera, Servando Salgado, Mariana García Guillén y Yoloczin Domínguez, quien presume su transformación de cintura… y hasta petistas y perredistas.

Antes de las 13 horas, el deportivo se vació por las calles que se inundaron de jóvenes como los 43 que se andan buscando, como lo que nos andan buscando, de los que se dice que no están muertos que están vivos.

Los que volaron como pájaros guardados, los que miles, millones con pancartas o temblores exigen que no se pierdan, porque deben estar en alguna parte, en algún sitio, nube o tumba, preguntándose a lo Benedetti ¿dónde diablos está el buen amor? Hoy parece que amanece la justicia.