El gobierno mexicano está transitando por una aguda crisis de credibilidad, que nos hace recordar los episodios similares, de muy triste memoria, que vivimos en el siglo pasado. La retórica desgastada por reiterativa, está pareciéndose cada día más a los tiempos del priísmo y el panismo.

El presidente de la república, empecinado en seguir siendo el vocero de sí mismo, habla mucho todos los días, pero dice muy poco. Y lo peor, de un día para otro se contradice. Ejemplos sobran y es ocioso mencionarlos, pero lo grave es que lleva casi al terreno de lo trivial temas que son fundamentales para todos.

Muy a pesar de ello, los estudios de opinión indican que está logrando mantener por lo menos el 50 por ciento de apoyo entre la población. Ese amplio y fiel segmento está integrado, por supuesto, por los integrantes de su feligresía que son capaces de llegar al extremo de arrojarse al abismo, pero nunca dejar de apoyarlo. Radicalismo a ultranza.

Es sin embargo evidente que una cosa es que lo respalden y otra cosa es que le crean.La gran cantidad de personas que por necesidad, indolencia, ignorancia o lo que sea, hacen caso omiso del exhorto de quedarse en casa, significa que simplemente no se convencen de que desde el poder les estén diciendo la verdad y peor cuando el manejo informativo sobre la pandemia ha sido tan fallido e inconsistente.

Esos huecos que deja la falta de credibilidad y los manejos erráticos de las acciones contra la pandemia, han tenido que ser subsanados por los gobernadores, algunos, no todos, que han tomado acciones fuertes porque de lo contrario saben que el mundo se les puede venir encima y los saldos no los van a pagar en palacio nacional desde luego.

Y en este contexto, el presidente tan hábil como es para el manejo de masas, no ha dudado incluso en echar mano incluso de la vanidad futurista. Primero impulsó a Marcelo Ebrard para sustituir la evidente ausencia de un secretario de Salud como Jorge Alcocer Varela que ya da la impresión de estar listo para el retiro, lo que propició que en ciertos momentos algunos vieran al canciller en papel casi de vicepresidente.

Luego decidió aprovechar el carisma del subsecretario Hugo López Gatell para darle una refrescada a la imagen del gobierno, convirtiéndolo incluso en el personaje de moda, al extremo que en algunas encuestas aparece con mayor aceptación que el propio mandatario.

A ciencia cierta, nadie sabe en realidad cuándo estaremos en el famoso pico de la pandemia y mucho menos cuándo pasará todo esto. La única certeza es que estamos sujetos a los vaivenes de un gobierno que un día dice una cosa y el otro día hace otra. Nada más con el tema de las cifras reales de todo esto tenemos. No creo a ciencia cierta que a éstas alturas alguien nos pueda decir la verdad. Lo dicho: la credibilidad está por los suelos.