Teléfono rojo
El sábado 26 de septiembre, 700 mil fieles participaron en la misa que el papa León XIV celebró en la Plaza de la Concordia, en París, en el marco de su visita pastoral a Francia, del 25 al 28 de septiembre de 2026.
En su homilía, su mensaje teológico se construyó a partir de un versículo del Evangelio de Juan: “El que tenga sed, que venga a mí y beba” (Jn 7,37). Y dijo que la sed de la que habla Jesús no es solo material, sino que expresa el deseo profundo de sentido, verdad, plenitud, amor y comunión con Dios que habita en el corazón de cada persona.
El papa dijo a los presentes que “cuando creemos que por fin hemos terminado nuestro trabajo y que nuestros esfuerzos han sido recompensados, muy a menudo resurge el vacío interior, aún más profundo. Entonces, para llenarlo, es posible que busquemos nuevos placeres, que queramos poseer cosas nuevas, que hagamos todo lo posible por “divertirnos” para no sentir ese malestar interior.”
Y preguntó a los fieles: “¿Cuál es nuestra sed más profunda? ¿Qué buscamos realmente en la vida?”. Y señaló que todos deseamos la felicidad, el amor y la plenitud, pero que la cuestión fundamental consiste en preguntarse en qué fuente se intenta saciar esa sed, que siempre está presente.
El papa presentó a Jesús como aquel que conoce a profundidad a cada persona, “ninguno de nuestros secretos, de nuestras intenciones, de nuestras debilidades se le escapa. Él escruta las profundidades de nuestro corazón (…) Lleva sobre sus hombros a las ovejas cansadas o heridas, y trae de regreso con delicadeza a las que se han descarriado. Jesús revela el amor incondicional de Dios por nosotros.”
A los católicos franceses, el papa le dijo que la fe no puede quedar encerrada en el ámbito privado, sino que está llamada a desbordarse hacia los demás, y los invitó a llevar esperanza allí “donde reinan el desánimo y la sequía espiritual”, y les recordó que Francia ha sido, a lo largo de los siglos, tierra fecundada por numerosos testigos del Evangelio.
Y les dijo que esa tradición histórica, no pertenece únicamente al pasado, sino que también en la sociedad contemporánea continúan siendo numerosos quienes se comprometen en favor de la vida, la familia, la verdad, la paz, la fraternidad y la justicia.
El papa afirmó que los jóvenes constituyen una expresión concreta de la vitalidad de la Iglesia, y les animó a dar testimonio de su experiencia de fe y a suscitar preguntas en quienes los rodean, para que también ellos puedan abrirse a la búsqueda de Dios. Pidió que el Espíritu Santo los transforme en “testigos vivos”, capaces de difundir a su alrededor la “civilización del amor”.
En la Plaza de la Concordia, en el mismo lugar que estuvo la guillotina en los años de la Revolución Francesa, donde fueron asesinados más de 1200 personas, en los años del Terror (1793-1794), ahí se colocó el altar en el que el papa celebró la misa, en el evento más concurrido de su viaje pastoral a Francia.
@RubenAguilar