Realista y muy acotado presupuesto 2021

Luego de dos años al aire, debo señalar que únicamente veo las conferencias mañaneras muy de vez en cuando. Me parece que constantemente han degenerado en simples ejercicios viscerales para descalificar a todo aquél que simplemente no está en el ánimo presidencial. Según AMLO, lo hace porque señala que es su derecho a la libre expresión. Nadie discute eso, pero cuando recurre al ataque,  su retórica se torna tan poco creativa, plana y reiterativa, que es imposible tolerarla durante dos horas.

Hay sin embargo, como este miércoles, ocasiones especiales en que vale la pena dedicarle unos minutos de atención. No tanto por los dichos del propio AMLO, sino porque participan personajes de la función pública federal, que no llegan a atacar a nadie, sino a aportar información real y consistente sobre asuntos de actualidad nacional.

En esta ocasión, el presidente cedió los micrófonos al titular de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera Gutiérrez, quien abordó un tema fundamental para el país en 2021: el paquete de política económica para ese año, que obviamente contiene la ley de ingresos y el presupuesto de egresos que se deberán ejercer en ese año.

Por fortuna, el presidente en esta ocasión no contradijo la información que aportó el secretario, ni lo hizo quedar en ridículo como ha sucedido anteriormente, por lo que Herrera Gutiérrez se mantuvo relajado y muy objetivo.

En términos generales, estimo que se trata de un paquete económico, más que conservador, realista, el que ya fue entregado al Congreso el martes. Quizá se podría cuestionar la pretensión de ubicar el producto interno bruto (PIB) con un crecimiento de 4.6 por ciento para 2021, cuando el de este año se ubica con una caída de 8 puntos.

Numerosos analistas nacionales e internacionales son muy pesimistas en ese punto y señalan que en realidad el desplome cerrará en dos dígitos a fin de año. Sin embargo, a eso hay que agregar que, a pesar de ser un presupuesto inevitablemente recesivo, hay factores que influirán en la dinámica económica nacional en 2021, como la entrada en vigor ya de manera plena de la versión recargada del Tratado de Libre Comercio, ahora T-MEC, así como los signos positivos que muestra a futuro la inversión extranjera.

Desde luego eso no será Jauja, pero tampoco el fin del mundo. Objetivamente, si bien nos va, se evitará que sea otro año perdido y espero que sí, porque además a esas alturas no sólo México, sino el mundo entero deberá estar resignado a convivir con un recién llegado que también es evidente no se irá nunca y que se llama Covid 19, con todas las implicaciones que eso significa.

Trasladando esos temas al contexto estatal en Guerrero, hay que agregarles la carga de las implicaciones que en la muy complicada realidad económica estatal, siempre están presentes las cifras de poco desarrollo y los índices de pobreza, que son de los más altos en el país. Y todo esto deberá transitar por la desafiante aduana electoral.

Si el electorado de Guerrero, independientemente de simpatías, preferencias y compromisos, no asume que el estado requiere al frente del Ejecutivo local, no de un político ideológicamente cuadrado y acartonado, que por motivos ideológicos llegue con actitudes rijosas y de enfrentamiento con el precario sector privado de la entidad, sino de alguien que entienda que la actividad empresarial es imprescindible para generar los empleos que con urgencia y real apremio requiere la entidad, la posibilidad de sacar a Guerrero del cabús del desarrollo nacional en ese sexenio se esfumará.

Ese es el gran riesgo y lo que estará en juego en junio de 2021. Ni más ni menos.