¿Aún existe la fotografía?

El 19 de agosto de 1839 la Academia Francesa de Ciencias presentó el daguerrotipo, técnica basada en los trabajos de desarrollada por Louis-Jacques Daguerre, la cual describía la técnica para obtener una imagen, basado en la luz e impresa una lámina cubierta de compuestos de plata. Desde entonces se considera tal fecha como el día en que nació la Fotografía.

La primera foto de la historia

UN POCO DE HISTORIA

Es bien conocido el desarrollo histórico de esta actividad que desde su primer día incidió de manera contundente en la humanidad, dejando constancia gráfica de los grandes y pequeños acontecimientos personales, familiares, vecinales, comunitarios, nacionales, mundiales y hasta universales. Durante más de un siglo, basada en la física y la química, la fotografía dejó testimonio de todas las actividades del hombre, buenas o malas y a todas las escalas. Hay fotos la estructura interna de un átomo, pero también de los grandes cúmulos de galaxias ubicados en los confines del universo; hay fotos de grandes guerras, masacres y conflictos que muestran la intolerancia del hombre, pero también hay fotos de los grandes logros, como sus paseos por la Luna, pero hablando más en corto, es muy factible que en algún espacio de su hogar, distinguido lector, existan fotos muy apreciadas y hasta veneradas de la boda de los tatarabuelos, de los abuelos, de nuestros padres, de nosotros, de nuestros hijos y probablemente de los nietos y hasta los bisnietos.

Pesada labor la del fotógrafo en el siglo XII

Debido a su complejidad, en los inicios, la fotografía era practicada por un reducido número de personas caracterizadas por una vocación evidente, ya que además de tener conocimientos de química y física poco extendidos en tal época, el fotógrafo cargaba su enorme cámara, el laboratorio con el que trabajaba y todos los accesorios del caso, ofreciendo sus servicios en las antiguas ciudades y pueblos y fabricando sus placas sensibles al momento, tomando la foto ahí mismo y revelándola inmediatamente, antes de que las imágenes, logradas con gran empeño, se borraran. Con los años las cámaras se redujeron de tamaño, los lentes se hicieron más luminosos y los materiales sensibles progresaron, pero aún era difícil y engorroso hacer fotografías y muy pocas gentes se dedicaban a esta actividad.

La cámara más grande de la historia
La fotografía que se tomó con la cámara más grande

El 4 de septiembre de 1888 el norteamericano, George Eastman, registró la marca Kodak y lanzó al mercado una cámara que se vendía por 25 dólares, unos mil 500 dólares actuales, la cual venía pre cargada con un rollo sensible al que cabían 100 fotos y cuando éstas se terminaban, se enviaba la cámara completa a la Kodak, que por 10 dólares, unos 650 actuales, le regresaba sus fotos reveladas y la cámara con un nuevo rollo. Esta cámara se lanzó al mercado con el lema: “Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto” y fue el auténtico instrumento que popularizó la fotografía porque ya no se requerían grandes conocimientos ni la utilización de productos químicos para obtener una imagen. Posteriormente la Kodak modificó su concepto y fabricó los rollos protegidos con papel que se instalaban en las cámaras y que siguen vigentes.

La primera cámara fotográfica al alcance del gran público

EL SENSOR DE IMAGEN QUE CAMBIÓ TODO

En 1971, los AT&T Bell Labs, patentaron el Charge Coupled Devices, CCD, sensor lineal de ocho píxeles (cada uno de los elementos fotosensibles del sensor se denomina pixel, palabra proveniente del acrónimo inglés picture element). Por su invento, Willard S. Boyle y George E. Smith, recibieron el Premio Nobel de la física en el año 2009. El sensor de imagen es el elemento de una cámara electrónica, de vídeo o de fotografía estática, que detecta y captura la luz que compone la imagen y la convierte en señales eléctricas que se analizan, convierten y almacenan. Este archivo o patrón digital puede ser representado en una pantalla o impreso en papel de modo que nuestros ojos lo perciban como una imagen. Si bien el primer CCD tenía apenas 8 pixeles, en la actualidad los sensores se miden en millones de píxeles, o megapíxeles y la tendencia es incrementar más esta cifra porque mayor cantidad de pixeles significa más resolución de imagen o la posibilidad de ver o imprimir las fotos a tamaños más grandes.

El Sensor de Imagen que revolucionó la fotografía

Posteriormente, en 1975, surgió la primera cámara digital de la historia inventada por Steve Sasson, un ingeniero de Eastman Kodak que aún vive y colabora con la empresa. Esta primera cámara digital no tenía casi nada que ver con las que conocemos ahora: pesaba 3,6 kilos, era del tamaño de una caja de zapatos y solo tomaba imágenes en blanco y negro con una calidad de 0,01 megapíxeles. Además, tardaba 23 segundos en grabar una sola foto. La idea prosperó y en 1978 la Kodak registró la patente de la que tiene en honor de ser la primera cámara de fotos digital del mundo. Irónicamente, este sería el invento que terminó siendo la perdición de la compañía porque en los años 90´s empezaron a comercializarse las primeras cámaras digitales, pero la Kodak continuó apostando por su lucrativo negocio de fotografía analógica y cuando reconoció la tendencia imparable del mercado digital, ya era demasiado tarde y ninguna de sus cámaras digitales llegó a despuntar. En 2012 tuvo que abandonar esta parte de su negocio.

La fotografía digital ha provocado un cambio total en los paradigmas que regían la fotografía físico-química: en principio por la reducción de costos y la simplicidad del uso. Antaño los rollos más populares eran de solo 36 fotos que debían mandarse a revelar a un costo más o menos significativo y había que esperar, en ocasiones hasta meses para ver el resultado final, que no siempre era el esperado, porque además se requerían conocimientos teóricos para hacer buenas fotos en diferentes condiciones y que conste, decimos buenas fotos, solo para que salieran bien tomadas, no subexpuestas ni sobrexpuestas, no movidas y bien enfocadas, sin considerar aspectos estéticos o artísticos, solo para que saliera la foto.

LA FOTOGRAFIA Y EL ARTE

Desde sus inicios, la fotografía se alió indisolublemente con el arte, aunque la visión de esto también ha cambiado en la era digital: En la fotografía físico-química se buscaba preferentemente el realismo y todos los equipos y procesos se orientaban a reproducir lo más fielmente posible la realidad retratada y cuando se buscaban cambios o visiones abstractas, se tenía que acudir a complejos procesos químicos y/o ardides en la toma de la foto, para distorsionar, solo un poco, tal realidad. En la era digital este concepto se ha modificado totalmente y son pocas, muy pocas, las fotos que se exhiben en muestras, exposiciones o concursos, que no hayan sido manipuladas mediante una computadora y en muchas ocasione esta realidad ha sido distorsionada hasta cambiarle totalmente el significado de la imagen original. Esto, evidentemente por la facilidad con que se manipula una imagen digital, quitando objetos o añadiéndoselos, cambiando fondos, modificando caras, facciones, cuerpos, colores, etcétera, etcétera, etcétera.

El catedrático José Gómez Isla, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, expresa: “La tecnología digital despoja a la fotografía de su legado de verdad y rompe definitivamente esa conexión existencial, hasta ahora indisoluble con su referente. Muchos estudiosos vaticinan ya la muerte de la fotografía tal y como la conocemos hoy, para dar paso a una era post-fotográfica, en la que la imagen se vuelve cada vez más maleable y manipulable; una era donde lo real y lo irreal comienzan a mezclarse indisolublemente. Las nuevas imágenes sintéticas parecen haberse centrado especialmente en la idea de la “pérdida de lo real”, puesto que la propia realidad ha comenzado a ser reemplazada por el mundo de la simulación digital. Quizás no podamos considerar a la imagen digital como plenamente fotográfica, a pesar de que a menudo parta de ella.

Al trasvasar una imagen analógica a lenguaje-máquina, estos pixeles pueden ser manipulados a voluntad, de forma que podemos simular otra realidad distinta a la de partida; tendríamos que hablar, por tanto, de una “hiperrealidad sintética”, que viene a sustituir a la realidad. Asistimos definitivamente al nacimiento de un arte de la simulación.”

Sin embargo, también existen visiones más positivas sobre este tema, como la del matemático de la UNAM, Héctor Gutiérrez Machorro, quien comentó para esta columna: “Cuando Henri Cartier Bresson estableció como un paradigma en el mundo de la fotografía: “La busqueda del Momento Decisivo”, también invento una nueva forma narrativa cuyos instrumentos estaban en pleno desarrollo, haciendo necesarios complejos procesos lógisticos, económicos y fisicoquímicos para su CULMINACIÓN. Sin embargo, el proceso narrativo era tal, pues el fotógrafo aportaba su muy particular punto de vista sobre el momento que consideraba decisivo. La electrónica, las matemáticas y los cada vez más avanzados algoritmos, el internet y software para la manipulación de imágenes, han creado un boom fantástico en lo que a proliferación de buenas imágenes se refiere. La exposición permanente a millones de universos dentro y fuera de nuestro entorno, local, cultural incluso espacial, nos expone cotidianamente a trillones de “momentos decisivos” las herramientas ahora nos permiten con menos tiempo costo y espacio, acercarnos más rápidamente a niveles narrativos y técnicos-fotográficos destinados anteriormente sólo a los virtuosos y a los millonarios (o ambos)”.

¿LA DEBACLE?

Finalmente, distinguido lector, habré de llamar su atención porque hay un nuevo cambio, un nuevo ingrediente que se suma al avance tecnológico de la fotografía y que esta revolucionando al mundo: la fotografía de celulares y la posibilidad de subir esas imágenes en tiempo real a la red de internet que se puede ver simultáneamente en todo el planeta. Esto es un hecho, pero el proceso se está modificando y francamente, distinguido lector, no tengo ni la menor idea hasta donde podrá llegar, pero sin duda, cambiará nuestra actual sociedad.

La debacle de la fotografía