Buscan vida, oro, platino y agua en un asteroide

Una de las grandes incógnitas de la humanidad ha sido el origen de la vida en nuestro planeta. Anaxágoras, nacido en Turquía, habló al respecto 500 años A.C. y a lo largo del tiempo surgieron múltiples teorías, hasta que en 1924 el bioquímico soviético, Aleksandr Ivánovich Oparin, rechazó el concepto vigente de “generación espontánea” y emitió la hipótesis del Caldo Primigenio, substancia rica en elementos químicos, principalmente  carbono, nitrógeno e hidrógeno, mezclados en las proporciones que se suponían existentes hace 4 mil millones de años y expuestos a las condiciones ambientales que imperaban en nuestro planeta en ese entonces, obteniendo así un “caldo primigenio” que contenía los primeros compuestos orgánicos complejos que al evolucionar crean lo que llamamos vida.

En 1924, el soviético Aleksandr Ivánovich Oparin sintetizó el “Caldo Primigenio”

Y es en el marco de esta búsqueda del origen de la vida que, tras encontrar moléculas esenciales para la vida en meteoritos que cayeron en nuestro planeta en épocas antiguas, los modernos científicos han considerado la posibilidad de que las primeras moléculas de vida no se formaran aquí, como en el caldo primigenio, sino que llegaron a la Tierra a bordo de otros cuerpos celestes que impactaron nuestro planeta en sus primeras épocas de formación.

Dicha teoría ha cobrado fuerza en este Siglo 21, al grado de que la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos de Norteamérica, NASA, envió la sonda “OSIRIS-REx” para encontrarse con el asteroide Bennu, un cuerpo muy obscuro, de apenas 490 metros de diámetro, ubicado a 334 millones de kilómetros de distancia de la Tierra y descender hasta tocar la superficie por un lapso de apenas 5 segundos, durante los cuales expelerá un potente chorro de gas nitrógeno que, literalmente, levantará el polvo y rocas que serán capturadas por la sonda, en un rango que va desde 60 gramos hasta casi dos kilos de regolitos, para regresarlos a nuestro planeta en el año 2023.

Bennu, mide 490 metros y se ubica a 334 millones de kilómetros de la Tierra

Bennu es un asteroide de tipo B contiene una gran cantidad de carbono lo que lo hace lucir negro porque casi no refleja la luz solar, apenas un cuatro por ciento de la que recibe del sol, frente al 65 por ciento que refleja Venus o el 30 por ciento que refleja nuestra tierra. Por otra parte, Bennu no ha sufrido un cambio drástico que altere la composición, lo que significa que sobre y debajo de su superficie más profunda que el tono negro hay sustancias químicas y rocas del nacimiento del sistema solar que no han sido perturbadas durante miles de millones de años. No sólo es convenientemente cercano y carbonoso, sino que también es tan primitivo que los científicos calcularon que se formó en los primeros 10 millones de años de la historia de nuestro sistema solar, hace más de 4 mil 500 millones de años y el estudio de esos materiales, seguramente permitirá comprender mejor ese proceso.

Algunos tenemos la idea de que los gringos “no dan brinco sin huarache” y en tal sentido, el asunto de los orígenes de la vida puede parecer secundario frente a las posibilidades de encontrar oro, platino, agua y vaya a usted a saber que otros elementos o materiales de valor, mi incrédulo lector, en cantidades dignas de ser consideradas para futuros proyectos de minería espacial o también para establecer estaciones espaciales de reabastecimiento, con agua para beber o para separarla en oxígeno e hidrógeno, ya sea para respirar o para impulsar cohetes espaciales, la cosa es que ahí suena a mucho billete.

Apenas cinco segundos estará la sonda OSIRIS-Rex tocando la superficie de Bennu, para expeler un chorro de nitrógeno y capturar el polvo y rocas que se levanten.

Llegar a Bennu y elaborar un detalladísimo mapa de la superficie, incluyendo elevaciones, pues no parece algo tan complicado para la NASA que ya lo ha hecho con la Luna y con Marte, entre otros, pero bajar la sonda OSIRIS-Rex para que apenas toque ligeramente la superficie durante cinco segundos mientras levanta el polvo y lo captura, todo dentro de un área libre de rocas mayores que apenas mide nueve metros cuadrados, pues si resulta un asunto complejo, más si se considera que las ordenes que le envíen desde la Tierra tardarán nueve minutos en llegarle y otros tantos para que nos regrese la respuesta de lo que sucedió con el mandato enviado desde aquí.  Así pues, mi admirado lector, concluyo informándole a usted que este “asterizaje” en Bennu, tendrá lugar hoy 20 de octubre de 2020, a las 18:00 EDT, 17 horas de México y será transmitida ampliamente por Internet, así que su el curioso lector está interesado, basta con que entre al sitio web de la NASA y ahí encontrará la transmisión.

El siguiente es un enlace de video que explica esta misión: