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ACAPULCO, Gro., 19 de julio de 2026.- El arqueólogo del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) del estado, Cuauhtémoc Reyes Álvarez explicó que los antiguos pobladores de la bahía de Puerto Marqués grabaron figuras sobre enormes rocas de Playa Majahua como parte de ceremonias destinadas a conjurar los peligros del mar y pedir protección para quienes dependían de la pesca y la navegación.
El especialista señaló durante un recorrido este fin de semana, que los petrograbados, son parte de un paisaje ritual asociado con las primeras comunidades asentadas en la costa de Acapulco.
Subrayó que cada petrograbado conserva información irrepetible sobre las primeras comunidades acapulqueñas y afirmó que cualquier acto de vandalismo representa una pérdida para la historia regional.
Consideró que conocer el significado de estos vestigios constituye el primer paso para garantizar su protección y preservación para las futuras generaciones.
Lo anterior al observar la gran cantidad de grafitis sobre las rocas que circundan el sitio arqueológico abierto y de cara al mar, pero que uno de ellos se acercó a la base de una figura que forma parte del conjunto de los petrograbados.
Explicó que los grabados deben entenderse dentro del contexto cultural en que fueron elaborados y no como piezas disociadas, ya que forman parte de un conjunto ceremonial que permite reconstruir la relación entre los antiguos habitantes y el mar.
La explicación fue ofrecida durante la travesía arqueológica A la vera del mar: una mirada a la arqueología de Acapulco, organizada por el INAH, como parte del Mundial Social.
La actividad comenzó con una plática introductoria en el Museo Histórico de Acapulco Fuerte de San Diego y, posteriormente con un recorrido guiado en el sitio arqueológico de Playa Majahua, en la zona Diamante.
Durante la visita al sitio arqueológico, Reyes Álvarez mostró en uno de los petrograbados, que presenta pintas recientes cerca de su superficie, la figura de una ballena en la que hizo referencia al mensaje que posiblemente habrían dejado los antiguos pobladores a los pescadores, de los navegantes y de quienes habitaban la costa frente a los riesgos naturales del mar.
El arqueólogo recordó que las primeras excavaciones realizadas en Puerto Marqués por Charles Brush identificaron la denominada cerámica Pox, considerada durante décadas una de las evidencias cerámicas más antiguas de Mesoamérica.
Añadió sin embargo, que investigaciones posteriores dirigidas por Barbara Voorhies y Douglas Kennett, permitieron precisar la cronología del sitio y demostrar que debajo de esos materiales existen niveles de ocupación humana aún más antiguos, correspondientes a grupos precerámicos establecidos en la bahía desde aproximadamente el tres mil antes de Cristo.
Indicó que aquellas excavaciones alcanzaron hasta ocho metros de profundidad y recuperaron concheros, restos de fauna marina y lagunar, huesos de cocodrilo y perro, además de fragmentos de cerámica con influencia olmeca y restos de peces de mar abierto, evidencias que documentan la larga relación de los primeros habitantes con el entorno marino y que incluso abren la posibilidad de prácticas tempranas de navegación.
Añadió que posteriormente el arqueólogo Rubén Manzanilla documentó vestigios de áreas habitacionales, metates y tecuacales que confirman la existencia de asentamientos permanentes en Puerto Marqués, favorecidos por la disponibilidad de agua dulce, bahías protegidas, abundantes recursos marinos y terrenos aptos para la agricultura.
Respecto a la datación de los petrograbados, Reyes Álvarez explicó que actualmente no existe un método que permita establecer directamente su antigüedad, por lo que ésta se determina mediante el estudio del contexto arqueológico y de los materiales asociados, principalmente cerámica localizada en el mismo sitio.
El arqueólogo subrayó que uno de los principios fundamentales de esta disciplina es comprender la relación entre espacio y tiempo.
Explicó que un mismo territorio puede haber sido ocupado por distintos pueblos durante miles de años, por lo que un objeto no puede atribuirse automáticamente a la última cultura que habitó una región.
En el caso de Acapulco, señaló que los yopes ocuparon parte del territorio durante el Posclásico, pero antes existieron otros grupos que dejaron vestigios en los mismos lugares, de ahí la importancia del contexto arqueológico para interpretar correctamente cada hallazgo.
Durante el recorrido también recordó que el principal centro ceremonial del antiguo Acapulco desapareció bajo el crecimiento urbano de La Sabana, donde existieron estructuras monumentales que quedaron cubiertas por la expansión de la ciudad durante la segunda mitad del siglo 20.
En ese contexto, los petrograbados de Puerto Marqués, Palma Sola, Caleta, Caletilla y otros puntos de la bahía constituyen algunos de los testimonios más importantes del paisaje ceremonial que aún se conserva en el puerto.
Al recorrido, asistió el director del Centro INAH Guerrero, Héctor Romeo Torres Calderón quien acompañó la actividad organizada por la dependencia federal como parte del cierre de la travesía arqueológica y reiteró la importancia de fortalecer el conocimiento y la conservación del patrimonio cultural de Guerrero.