Hoja verde
El 8 de marzo siempre abre debates sobre ser mujer y ser mujer feminista en un mundo donde los hombres concentran la mayor parte del poder. La cuarta ola feminista del movimiento transformó la conciencia pública de las mujeres en México. Los cuestionamientos a las ideas tradicionales que sostienen a las instituciones (desde la familia) marcaron un punto de inflexión.
Ahora, las mujeres ya no somos las mismas de siempre, dice la teórica y periodista Nuria Varela, y coincido. Incluso en un estado como Guerrero, donde las estructuras de poder han sido históricamente masculinas y donde la violencia y la desigualdad construyen qué es la vida cotidiana, las mujeres guerrerenses cuestionan su lugar y reclaman espacios de equidad.
Pero en Guerrero ser mujer implica mirar una realidad más compleja: pobreza, violencia y estructuras de poder que siguen siendo mayoritariamente masculinas. En ese escenario conviven dos fuerzas que no siempre se miran de frente: las mujeres que disputan el poder desde las instituciones y las que lo cuestionan desde las calles.
Condiciones sociales y pobreza
Sobre la desigualdad social, basta decir que en el estado el 58.1 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, casi el doble del promedio nacional. En este contexto, vale la pena preguntarse lo siguiente: ¿cuál es el impacto de un discurso feminista que habla de emancipación si las condiciones materiales que determinan la vida cotidiana aún no están cubiertas? La periodista Karla Galarce escribió para Quadratín Guerrero que, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), sólo el 28.5 por ciento de la población tiene acceso a una alimentación nutritiva y de calidad.
Cambios en la vida reproductiva y autonomía
Aun así, las mujeres también han transformado su vida en las últimas décadas. La tasa de nacimientos por cada mil mujeres bajó 56.8 por ciento entre 1990 y 2023.
La destacada escritora francesa Simone de Beauvoir habló de cómo la maternidad es una institución que históricamente limita la autonomía de las mujeres dentro de la sociedad. Idea compartida (pero radicalizada) por Shulamith Firestone, quien argumentó que la reproducción biológica había sido la base de la opresión femenina.
¿Qué refleja la disminución de la natalidad en un estado en el que predominan las ideas machistas de la reproducción? De acuerdo con el Inegi, el 89 por ciento de la población en Guerrero es católica, entre seis y ocho por ciento protestantes o evangélicas y sólo el tres por ciento no practica ninguna religión. El Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social indica que en regiones indígenas de Guerrero, como La Montaña y la Costa Chica, las iglesias evangélicas y pentecostales han crecido con rapidez desde finales del siglo XX,
En muchos momentos, la religión influye en las expectativas sobre la maternidad y el matrimonio para las mujeres, lo cual, impacta en la toma de decisiones reproductivas, dado que no dependen sólo de una decisión personal, sino también de marcos culturales y comunitarios.
Sin embargo, uno de los avances más importantes de la agenda feminista se hizo realidad en Guerrero cuando en mayo de 2022 se convirtió en uno de los estados que despenalizó el aborto hasta las 12 semanas de gestación. Y, de acuerdo con el periódico Según un reporte de la Secretaría de Salud estatal citado por El Sur de Acapulco, en Guerrero se registraron cuatro mil 574 abortos seguros entre 2023 y 2024. El mismo informe señala que sólo 13 de esos casos correspondieron a embarazos producto de violación.
Violencia contra las mujeres
Pero ¿cuál es la experiencia de ser mujer en Guerrero? la violencia. Si buscas en Google “violencia contra la mujer en Guerrero” el primer resultado que aparece es un boletín del Gobierno del estado titulado “Guerrero avanza en el combate a la violencia feminicida”, al respecto la directora de la Asociación Guerrerense contra la Violencia hacia las Mujeres y peticionaria de la Alerta de Género en Guerrero, Marina Reyna Aguilar dio una entrevista al periódico El Sur en la que señaló que “Las autoridades tienen un registro bajo y no corresponde a la realidad […] los homicidios dolosos no se investigan como feminicidios”.
Tan sólo el Inegi reporta que el 70.1 por ciento de las mujeres de 15 años o más ha sufrido algún tipo de agresión a lo largo de su vida; el 68.8 por ciento ha experimentado algún tiempo de violencia. En 2023 se registraron 17 feminicidios en el estado. Desde 2016 las víctimas sumarían mil 629 mujeres en 73 municipios de Guerrero, según registros de organizaciones civiles.

La figura anterior muestra que en sólo cinco años (2016 a 2021), el porcentaje de mujeres que han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida pasó de 57.5 por ciento a 68.8 por ciento. Esto significa que, según estos datos, casi siete de cada diez mujeres en el estado han sido víctimas de agresiones en algún momento. Y el foco rojo es la violencia sexual, el cual, pasó de un 27.0 por ciento al 40.9 por ciento, lo cual implica un aumento de casi 14 puntos, mientras que, la violencia más común es la violencia psicológica.
De acuerdo con un reporte del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan citado por el periodista Eduardo Yener Santos en Quadratín Guerrero, entre 2014 y 2025 se han registrado 150 muertes violentas de mujeres en la región de La Montaña, con lo cual, al menos 52 niños y niñas se encuentran en situación de orfandad. Esta declaración hecha por la abogada del Centro, Neil Arias Vitinio, se suma al señalamiento de la Mtra. Marina Reyna, dado que ambas posiciones coinciden en que existe una omisión del Estado en atender la violencia feminida.
Aunado a todo esto, las nuevas formas de violencia, en un sistema tan perfecto como el patriarcado, se transforman con lo digital, en ello, el Inegi estima que el 19 por ciento de las mujeres de 12 años o más ha sufrido ciberacoso en los espacios digitales y que afecta especialmente a las generaciones más jóvenes.
Recientemente, Marina Reyna también hizo un llamado a atender la violencia digital contra las mujeres vinculada con el uso de la inteligencia artificial (IA), herramienta con la que algunas han sido víctimas de la creación y difusión de imágenes falsas de desnudos generadas o manipuladas digitalmente.
La paridad de género
Incluso en los espacios de poder donde se libra la lucha por la paridad persisten fragilidades. Así lo señaló la académica Rosa María Gómez, quien hizo un llamado a retomar el principio de paridad en el gabinete estatal (en su reciente conferencia en el Grupo Aca) luego de que varios cargos ocupados inicialmente por mujeres fueran reemplazados por hombres, lo que evidencia que ellos continúan ocupando la mayoría de los espacios de decisión en la administración pública estatal.
Lo simbólico y lo político
Los comicios del 2 de junio de 2024 definieron no sólo la posibilidad de que, por primera vez, una mujer accediera al poder ejecutivo, sino también que, en Guerrero, las mujeres gobernaran 20 de los 83 municipios. Sólo el 24 por cientode los ayuntamientos del estado es encabezado por una mujer.
De las candidatas electas, cinco fueron reelectas:
• Abelina López Rodríguez, en Acapulco.
• Sara Salinas Bravo, en Eduardo Neri.
• Tania Mora Eguiluz, en Tlalchapa.
• Clara Elizabeth Bello Ríos, en Atoyac de Álvarez.
• Austreberta López Rogel, en Pedro Ascencio Alquisiras.
En 2002, sólo dos mujeres gobernaban municipios en Guerrero, mientras que hoy la cifra oscila entre 20 alcaldesas. Lo cual significa que la presencia de mujeres en el poder (por lo menos ahora en los ayuntamientos), se multiplicó diez veces en dos décadas.
El 15 de septiembre de 2025 escribí una nota en Quadratín Guerrero sobre el momento histórico que significó que, por primera vez, el Grito de Independencia fuera encabezado por mujeres en distintos niveles de gobierno. De manera inédita, tres mujeres marcaron ese momento: en México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo; en Guerrero, la gobernadora Evelyn Salgado Pineda; y en Acapulco, la alcaldesa Abelina López Rodríguez. Pero, los avances en este terreno político ¿se limitan a lo simbólico?
Las mujeres en el poder suelen ser observadas con mayor escrutinio y enfrentan exigencias más altas que sus pares hombres. Las expectativas construidas desde visiones sexistas han delimitado durante años el espacio político. Hoy las mujeres han ganado terreno, pero la pregunta persiste: ¿cuál es la encomienda que recae sobre ellas?
Guerrero parece avanzar en dos tiempos. Por un lado, un tiempo político en el que las mujeres ya ocupan el podio y encabezan ceremonias, gobiernos y espacios de decisión. Por otro, un tiempo social donde la violencia sexual aumentó 14 puntos y donde incluso la Inteligencia Artificial se utiliza para ejercer violencia digital contra las mujeres.
Simone de Beauvoir escribió en El segundo sexo:
“En el momento en que las mujeres empiezan a participar en la elaboración del mundo, ese mundo es todavía un mundo que pertenece a los hombres: ellos no lo dudan, ellas lo dudan apenas”.
Al final, la discusión no debería centrarse en si las mujeres que llegan al poder representan o no a todas las demás. Las mujeres en las instituciones y las mujeres en las calles comparten, en el fondo, los mismos objetivos: vivir sin violencia, decidir sobre sus cuerpos y ocupar los espacios que durante siglos les fueron negados.
Cuando inicié este ensayo, pensé en la canción de James Brown “Este es un mundo de hombres”, el reconocido intérprete del funk hace alusión a las calles, los edificos y las cosas industriales donde los hombres construyen, básicamente, el mundo, pero le deja a las mujeres sólo la línea de que … no sería nada sin ellas. La propia canción fue escrita por él y su entonces pareja Betty Newsome y tiene, de manera equivocada, la idea de que las mujeres le dan sentido a la vida de los hombres, muy a pesar de que sean ellos los dueños del mundo. En Guerrero ¿no sucede algo similar?
Las alcaldesas, gobernadoras o presidentas no avanzan solas y del mismo modo, los cambios institucionales sólo tienen sentido si responden a las exigencias de las mujeres que siguen organizándose fuera de los palacios de gobierno.
Quizá el reto no sea elegir entre la calle o el poder, sino entender que ambos espacios forman parte de la misma disputa. Que las mujeres que gobiernan y las que protestan no somos distintas a ojos de la violencia, aunque desde lugares diferentes, el propósito debería ser simil, hacia un mismo horizonte.
En este 8M, la deuda sigue siendo la misma: un Estado que no tema reconocer la magnitud del problema y que atienda con seriedad la urgente necesidad de erradicar la violencia contra las mujeres. Esa sigue siendo, al final, la agenda que nos convoca a todas.