CIUDAD DE MÉXICO, 20 de octubre de 2018.- Al lamentar que la crisis humanitaria en Honduras no es nueva, los Obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras advirtieron que no es momento de hallar culpables, pues ante esta tragedia, se han dejado pasar los abusos contra migrantes y sus derechos.

“¡Cuántos cientos de hondureños han partido en forma individual todos los años y a cuántos los han regresados de México y de Estados Unidos! Hemos sido sordos ante los gritos de abusos y violación a sus derechos en su trayecto y hemos sido ciegos para ver esa realidad, hemos preferido alegrarnos por la llegada de remesas, como una solución a los problemas internos. Lo novedoso de esa caravana es la forma masiva de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que van con la esperanza de obtener recursos suficiente para transformar a Honduras”, señaló en un comunicado difundido la tarde de este sábado.

La Conferencia Episcopal de Honduras expresó su pesar y preocupación por esta “tragedia humana”, como ha llamado el Papa Francisco a la migración forzada, por la salida en caravana de miles de hondureños que han abandonado su propia tierra, buscando mejores oportunidades de vida, para ellos y para sus propias familias.

“Ésta es una realidad indignante, causada por la actual situación que vive nuestro país, obligando a una decidida muchedumbre a dejar lo poco que tienen, aventurándose sin certeza alguna por la ruta migratoria hacia Estados Unidos, con el deseo de alcanzar la tierra prometida, “sueño americano”, que les permita resolver sus problemas económicos y mejorar las condiciones de vida para los suyos y, en muchos casos, les garantice la tan anhelada seguridad física”.

“La Iglesia que peregrina en Honduras reconoce el derecho humano de cada persona a una vida digna y al desarrollo personal, familiar y comunitario. Es deber del Estado Hondureño brindar a sus ciudadanos los medios para cubrir sus necesidades básicas, como son: trabajo digno, estable y bien retribuido, salud, educación y vivienda. Y cuando esas condiciones no existen, las personas se ven obligadas a vivir en la fatalidad y muchísimos de ellos a emprender un camino que les lleve al desarrollo y superación, hallándose en la vergonzosa y dolorosa necesidad de tener que abandonar sus familias, sus amistades, su comunidad, su cultura, su ambiente y la tierra que los vio nacer”, criticó.

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