Gatopardismo e impunidad

En el Estado de Guerrero, y en especial, en el Municipio de Acapulco, gobernantes van, gobernante vienen, y todo permanece igual como un paisaje pintado al óleo que no admite retoques.

Al llegar el final del periodo gubernamental, la ciudadanía espera que se investigue y castigue a quien fue señalado como corrupto. No se puede atenuar la expresión de esa idea, de ese pensamiento. La impunidad es un cuerpo sólido muy difícil de desleír, así ha sido y tal parece que lo seguirá siendo… hasta que los gobernantes y funcionarios que delinquen sean encarcelados, como sucede en otros países.

La acción de la justicia daría fin a la impunidad y los paisajes nacionales nuevamente tendrían colores vivos y se tornarían de tristes a alegres.

Sirva  la alegoría para aligerar el tema, que es un fardo que los mexicanos estamos ya cansados de cargar.

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El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, claramente lo dijo en su campaña: no perseguirá a los políticos y funcionarios delincuentes de los gobiernos anteriores al suyo. Insinuó un borrón y cuenta nueva, y aseguró que con él no habrá corrupción. “Nosotros somos gente decente”, dijo.

En otras palabras, también alegóricas: mientras yo no sea ladrón me importa poco que otros lo sean. ¿No es esa actitud una irresponsable protección a la impunidad?

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Aquí en Guerrero la voz popular ha acusado sin prueba alguna a políticos (gobernantes o funcionarios, estatales o municipales) de enriquecerse robando del erario. Son presuntos delincuentes de cuello blanco que nunca son investigados. Se mantiene, entonces, la impunidad que tanto frena el desarrollo social y económico del país.

En el caso de Acapulco, el cambio de administración municipal, al parecer, es de un gatopardismo ofensivo. Todo sigue igual, en la más clara expresión lampedusiana.

En el mes y medio transcurridos desde la toma de posesión de la alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo, no obstante la presunción de que su antecesor, Evodio Velázquez Aguirre, desvió cientos de millones de pesos del presupuesto municipal, enriqueciéndose él y unos cuantos de sus funcionarios, no hay ninguna denuncia ante las autoridades competentes.

La Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco está en bancarrota, con adeudos de cientos de millones de pesos.

No se pagaron totalmente al ISSSPEG las cuotas de los empleados sindicalizados del Ayuntamiento, peligrando el pago a pensionados y jubilados, pues el instituto está descapitalizado, teniendo el Gobierno del Estado que intervenir aportando fondos. Se dice que son otros cientos de millones de pesos que se esfumaron como arte de magia.

¿Dónde está ese dinero?

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“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, dijo Tancredi Falconeri a su tío don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina.

Es la esencia de El Gatopardo, la gran novela de Tomasi  de Lampedusa, y en lo político en México todo gira alrededor de un gatopardismo que escuda a la impunidad.