¿Dictadura de partido en cierne?

Insistimos: todos los mexicanos, por el bien de nuestro país, debemos esperar a que Andrés Manuel López Obrador se decida a ser el mejor de los presidentes. Treinta millones de votos lo instalaron en Palacio Nacional, y los muy altos niveles de aceptación y de popularidad que indican los sondeos de opinión le confieren lo necesario para lograrlo.

Sin embargo, algunas de sus decisiones han sido objetadas por los analistas y los políticos de oposición, a nivel nacional; y en el ámbito internacional por las empresas calificadoras de las políticas económicas y financieras, que ubican a México como un país ya no tan atractivo para los inversionistas extranjeros.

La conformación de su gabinete ha sido muy criticada: los equívocos se  mantienen como si el tener la aceptación y la popularidad de la mayor parte de la ciudadanía ungiera al presidente con el carácter de la infalibilidad.

Como muestra: el director general de PEMEX es un ingeniero agrónomo en una función pública equivocada; y el secretario de Comunicaciones y Transporte, Javier Jiménez Espriú , un empresario de la construcción con demasía de intereses económicos en ese sector, que influyó en la errónea decisión de López Obrador de cancelar las obras del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, para hacer de la Base Aérea militar de Santa Lucía un aeropuerto  construido, operado y concesionado al Ejército, que convertiría a esta institución en una entidad empresarial y nos pondría a un paso de la nada conveniente militarización.

Andrés Manuel López Obrador está a tiempo de modificar lo que Daniel Cosío Villegas al hacer en los 70 del siglo pasado un análisis del gobierno populista de Luis Echeverría Álvarez llamó “el estilo personal de gobernar”.

Los mexicanos estamos de acuerdo en que se combata a la corrupción. Una serie de gobernantes no del todo honestos, saquearon el erario y frenaron el progreso del país, y qué bueno que el actual presidente no sea un político que buscara el poder para enriquecerse, como lamentablemente lo hicieron algunos de sus antecesores.

Empero, a la ineptocracia (neologismo que significa “gobierno de los ineptos”) se llega por el camino del partidismo, es decir, a la inclinación hacia algo en un asunto en el que se debería ser imparcial.

MORENA no puede ser el PRI de la post Revolución Mexicana y el objetivo de Andrés Manuel López Obrador debe ser llegar a la democracia plena y no a la instauración de una dictadura de partido.