Hartazgo y paranoia social

El hartazgo social, producto de una serie interminable de casos de corrupción y de actos de gobierno que atentan contra la economía popular, es algo así como un purgante, tan escatológico como el cinismo de algunos – muchos, diríamos- gobenantes, legisladores y funcionarios públicos. Y se llega al colmo cuando estos atentan contra la seguridad pública, como en los casos de los gobernadores y alcaldes asociados al crimen organizado.

En Guerrero tenemos una perla negra: el matrimonio integrado por José Luis Abarca Velázquez y María de los Ángeles Pineda, que eran alcalde y presidenta del DIF de Iguala, respectivamente,  la noche de la muerte y desaparición de los 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, matrimonio supuestamente dirigente de un cartel regional de narcotraficantes y que se dice ordenó esa aborrecible acción criminal y que indirectamente propició la caída de la popularidad del régimen priista del presidente Enrique Peña Neto, por la lentitud con la que intervino la federación. Desde entonces la aceptación popular de EPN, de acuerdo a las empresas de sondeo de opinión, está en un dígito, el nivel más bajo desde que se hacen públicos esos estudios.

La noche negra de Iguala, inició el derrumbe del Partido de la Revolución Democrática, el PRD, que postuló a Abarca Velázquez como candidato a alcalde y acabó con la carrera política del entonces gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, quien con el tiempo fuera defenestrado sin miramiento alguno.

¿Y qué decir de los gobernadores ladrones?

Humberto Moreira Valdés, de Coahuila, inexplicablemente libre; los aún prófugos de la justicia César Duarte Jáquez, de Chihuahua y Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz. Estos tres significan cientos o quizá miles de millones de pesos hurtados al erario, y una pesada piedra que cayó en el estómago de millones de mexicanos que viven en pobreza extrema.

¡Ah!, y lo último: el exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba, fue aprehendido recientemente en Italia por la policía de ese país. Esta “fichita” es acusado de delincuencia organizada y de operar con recursos de procedencia ilícita.

Así las cosas, ese hartazgo social “que nos consume”, corre el riesgo de convertirse en algo así como paranoia social, unaenfermedad mental que se caracteriza por la aparición de ideas fijas, obsesivas y ocasiones absurdas, basadas en hechos falsos o infundados.

Y fue esa paranoia social la que injustamente “linchó” al alcalde de Pilcaya,Guerrero,Ellery Guadalupe Figueroa Macedo, a quienes se le atribuyó la propiedad de un automóvil Aston Martin con una valor de cuatro millones doscientos mil pesos, accidentado hace unas cuantas madrugadas en la Ciudad de México; atribución por el simple hecho de circular con un permiso provisional concedido por la dirección de tránsito de ese municipio.

Este columnista contribuyó al “linchamiento” por creerle a los colegas de la Ciudad de México. Parte del hartazgo social, parte de la paranoia social, parte de lo que usted quiera, pero procedo públicamente a solicitarle una disculpa a Ellery Guadalupe Figueroa Macedo. Mea máxima culpa.