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Foto: Especial

Hontanar/Raúl Pérez García

Raúl Pérez García
 
| 13 de Septiembre de 2017 | 7:00
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La Plaza Álvarez

Sin vendedores ambulantes los lunes, martes y miércoles, la Plaza Álvarez (el Zócalo, pues) luce radiante, despejado y se convierte por setenta y dos horas en el ágora que congrega a los acapulqueños…y a los turistas.

Los otros días de la semana son el espejo negro de Tezcatlipoca: tezcatl (espejo), tliltic (negro) y poctli (humo). Los anafes en donde los mercaderes preparan las fritangas que venden, humean y reflejan lo más negativo de los gobiernos locales: el Quetzalcóatl negro, dualidad y antagonía, esta última es la lucha contra el progreso de Acapulco, que con el Zócalo concedido en “comodato” a los mercaderes, pierde por completo su identidad y retrocede a los años veinte del siglo pasado cuando los mercados ocupaban las principales calles de Acapulco.

“Los otros días de la semana”, hay venta, además de alimentos, ropa, artesanías, joyería de fantasía, curiosidades y diversos artículos, algunos de piratería.

Los comerciantes organizados que disponen de la Plaza Álvarez como si fuera de su propiedad, concedieron al actual presidente municipal, Evodio Velázquez Aguirre, el desalojo la calle Jesús Carranza que desemboca en el Zócalo, para concluir con la remodelación, y con los tres días libres de venta arriba mencionados.

Fue un gran avance, tenemos que reconocerlo, pero los acapulqueños esperamos el desalojo total: queremos volver a congregarnos en el antiguo ágora cuatro veces centenario, lleno de historias y leyendas, la misma plaza en donde Humboldt instaló sus relojes para precisar las coordenadas del “más bello puerto de todos los que he visitado”. El mismo lugar en el que Malaspina caminaba, quizá recordando a su admirado Urdaneta que con el tornaviaje hizo de Acapulco el principal puerto del Océano Pacífico.

Es una plaza que no merece ser tratada así. Tiene tanta historia que sería cosa de nunca acabar el recordarlo en este breve espacio: Vicente Guerrero, Benito Juárez, Comonfort, el Gran Álvarez, Ignacio Manuel Altamirano ocupando las bancas de las fondas y planeando un mejor futuro para la nación.

¿Por qué no recuperarlo y devolverlo a los acapulqueños?

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