Cambios chapulinescos

El gobernador del Estado de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, inició una serie de cambios en su gabinete, por las renuncias de los funcionarios que participarán como como precandidatos a legisladores y alcaldes.

Los primeros se dieron en la titular de la Secretaría de las Mujer y en la Secretaría Particular, y continuarán el próximo lunes, según anunció ayer el gobernador.

Esta otra faceta de lo que popularmente se conoce como “chapulinismo”, pues muchos de los políticos, como los insectos ortópteros, suelen brincar como pelotas de hule de un presupuesto a otro, tal como lo indica el nombre del saltamontes, del náhuatl chapolin, de chapalnia rebotar y olli hule

Es, pues, una costumbre arraigada en la política mexicana, y a nadie le debe extrañar, pero sí es tiempo de proponer un “hasta aquí” a ese atavismo que afecta no sólo a las esferas gubernamentales sino también a la tan pausada democratización de la nación mexicana.

La suspicacia obliga a la pregunta: ¿Es una forma de deshacerse de los funcionarios que “no dieron el ancho” y que son enviados a una aventura política sin opción de regreso al gabinete?

Pudiera ser, empero, debe hacerse costumbre que quienes sí son capaces de funcionar óptimamente en el equipo del gobernante deben permanecer con él, y si la incapacidad aflora en sus actuaciones, simplemente deben ser salir ya sea por renuncia solicitada o por cese.

El Gral. Lázaro Cárdenas del Río, presidente de la República de 1934 a 1940 (el primero de los periodos sexenales) hizo varios cambios de gabinete, pero al michoacano lo obligaron los tiempos: un “jefe máximo” (Plutarco Elías Calles)  que le incrustaba secretarios en ocasiones saboteadores y en otras espías. Hacía cambios en el gabinete, salían los callistas pero permanecían los cardenistas, pues a estos últimos sólo los sometía a enroques.

Cuando Cárdenas mandó al exilio a Calles, todo volvió a la normalidad en el ámbito gubernamental.

Lo sano sería que el gobernador guerrerense cambiara a sus funcionarios buscando a personas más capaces, pues el estado de cosas guerrerense sólo puede ser superado si se aplican soluciones determinantes, pues las acciones dubitativas hacen más endeble al cuerpo gubernamental.

En fin.

Héctor Astudillo Flores puede hacer lo que quiera con su equipo de trabajo, pero ojalá quisiera actuar en función del atraso secular del estado, de la violencia que nos sumerge en el temor y en la pobreza extrema que vergonzosamente se observa a lo largo y a lo ancho de los casi 64 mil kilómetros cuadrados de esta entidad suriana.