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Foto: Especial

Otro país/Tomás Tenorio Galindo

Tomás Tenorio Galindo/Quadratín
 
| 22 de enero de 2018 | 8:00
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¿Conexión rusa o trama desde Los Pinos?

No hay ninguna señal seria o real de que Rusia tenga injerencia en el proceso electoral mexicano o trate de ayudar a Andrés Manuel López Obrador a ganar la Presidencia, pero el rumor sobre esa posibilidad se asentó nuevamente entrando el año después de haber circulado hace algunos meses.

No hay ninguna casualidad en el surgimiento y en la alimentación de este rumor, nacido con el evidente propósito de enturbiar las aspiraciones del precandidato de Morena, pues significativamente apareció en el contexto de las precampañas conforme se hizo notoria la ineficacia de vincular a López Obrador con Venezuela.

Como todos los rumores de esta era, este parece haber comenzado en las redes sociales, el espacio ideal para esconder la maledicencia y la perversidad política, y el único dato real en el que se ha querido sostener es la relación profesional que mantiene uno de los asesores de López Obrador –el articulista John Ackerman–, con “Russia Today”, una plataforma de noticias por televisión en varios idiomas, incluido el español, que tiene oficinas y transmite su señal desde Moscú, Londres, Washington y París. Este dato, utilizado con poca seriedad incluso por articulistas serios, se ha extrapolado sin mayor argumentación ni prueba alguna hasta convertirlo en señal de la injerencia rusa en las elecciones de México.

Dos veces ha desmentido el gobierno de Rusia este rumor. La primera se produjo el 16 de noviembre del año pasado en Moscú, durante la visita que el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, hizo a esa ciudad. “No conozco las publicaciones en la prensa mexicana, pero escucho cómo se están extendiendo… Son especulaciones sin ningún fundamento”, dijo el canciller ruso Serguéi Lavrov acompañado por Videgaray en una conferencia de prensa. También el canciller mexicano dijo ahí, quizás presionado por las palabras de su homólogo, que el gobierno de México carecía de evidencias sobre la versión de que Moscú quería influir en los comicios mexicanos. Sin embargo, Lavrov no tuvo ningún problema en señalar que el rumor provenía de Estados Unidos y tenía el propósito de “perjudicar las relaciones ruso-mexicanas, sobre todo ahora que se desarrollan de forma positiva”. (Reforma, 17 de noviembre de 2017)

La segunda ocasión en que Rusia negó tener participación alguna en las precampañas mexicanas ocurrió apenas el viernes pasado, y también fue Lavrov el que rechazó esa versión. En una conferencia de prensa realizada en Nueva York, al canciller ruso le preguntaron sobre la presunta intervención rusa en los Balcanes, pero en su respuesta el funcionario ruso mencionó también a México. “No sólo los Balcanes, también nos culpan de interferir en México y creo que en otro lugar”, dijo. Otra vez dio a entender que esas versiones proceden de Washington y lamentó que Estados Unidos busque a toda costa “demonizar” a Rusia.

Unos días antes de las declaraciones del canciller Serguéi Lavrov, el vocero del precandidato del PRI, Javier Lozano, había retomado el rumor. La intención del vocero de José Antonio Meade era magnificar la versión y estigmatizar a López Obrador como el beneficiario de la supuesta maquinación rusa, pero al llamarlo “Andres Manuelóvich” sólo terminó regalando a la picaresca nacional un momento hilarante. Tan hilarante, que era inevitable que López Obrador recogiera y explotara ese momento declarándose a su vez “Andres Manuelóvich” y repitiendo el clásico chiste del oro de Moscú. Cualquiera habría hecho lo mismo con ese obsequio en charola de plata.

Es obvio que si la intervención rusa fuera real, no podría esperarse que los rusos la reconocieran. Por eso no es por la declaración del canciller ruso que el rumor no alcanza el crédito que sus autores desearían.  Sencillamente carece de verosimilitud, al contrario del Rusiagate que en Estados Unidos acecha a Donald Trump por las crecientes y contundentes pruebas que surgen cada día. Tampoco parece provenir de Estados Unidos, como dijo el canciller ruso. Tiene más bien la apariencia de una manufactura local y encaja muy bien en el patrón de la propaganda con que desde el poder se ha querido destruir la popularidad de López Obrador. No parece una conexión rusa, sino una trama urdida en Los Pinos, claramente consistente con el discurso desarrollado por el presidente Enrique Peña Nieto, su gobierno y el PRI contra el “populismo”.

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