La honradez como soporte

Si en México no prevalecieran los gobiernos corruptos (con sus honrosas excepciones) fuera una potencia económica, ya que es un país que lo tiene todo, menos una acendrada honradez entre sus funcionarios públicos.

La mayoría de sus gobernantes aprovecharon la oportunidad para medrar económicamente con artimañas y aprovechándose de las circunstancias, y la mayoría de los presidentes post revolucionarios fueron el mal ejemplo para quienes llegaron al poder en esta etapa de neoliberalismo económico que aún está muy lejos de concluir, lamentablemente.

Miguel Alemán (1946-1952) modernizó México pero salió riquísimo, y no sólo él, sino también sus amigos que colaboraron en su gobierno.

Carlos Salinas de Gortari es uno de los hombres más ricos del mundo, y si no aparece en las listas de los multimillonarios en dólares que publican las revistas “Fortune” y “Forbes”, es porque fue muy hábil al colocar su dinero mal habido en sociedades  muy anónimas por medio de prestanombres.

Por lo que respecta a los dos sexenios presididos por políticos panistas, poco se sabe de sus finos latrocinios, a no ser del lujoso rancho guanajuatense de Vicente Fox Quesada, que pasó de la modestia a la ostentación en los seis años que gobernó México después de “sacar al PRI de Los Pinos”.

El otro, Felipe Calderón Hinojosa, si robó, “robó poquito”, y poco se sabe de sus riquezas.

Bien.

José Antonio Meade, candidato presidencial priista, ofrece combatir la corrupción si gana las elecciones, y  al hacerlo se juega el todo por el todo, y nos recuerda la campaña de Luis Donaldo Colosio, cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari, sin fundamento real o racional presumía que había sacado al país del tercer mundo para colocarlo entre las naciones ricas, el 6 de marzo de 1964, en el monumento a la Revolución, el sonorense lo contradijo diciendo que él veía “un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades…”

El abanderado priista se juega el todo por el todo, y no quiero decir que el anunciado combate a la corrupción, pueda forzar a un cambio de candidato priista o al magnicidio, que Dios no lo quiera,  pero sí que entre la cúpula priista hay una marcada polarización, ya que la campaña se orienta en dos sentidos contrapuestos: el seguir con el estado de cosas que debilita cada vez más al PRI y también a los demás partidos políticos (la corrupción, como “principio”) o a la tan necesaria refundación del país sobre una plataforma en donde la honradez de los gobernantes y los funcionarios públicos sea su soporte irreductible.