Una sensación de incertidumbre recorre el país; muchos nos preguntamos lo que nos depara el futuro, pero no hay respuestas certeras. El presente se puede describir como temor, riesgo e inseguridad por efectos de la crisis que nos ha tocado vivir, que trasladados  a la política, llenan los espacios ante el vacío de poder que deja la ausencia de un liderazgo.

La parcialidad como método de gobierno no da buenos resultados; pretender que los micro, pequeños y grandes empresarios, los que sostienen la economía del país y generan empleos, no son pueblo, es un desacierto.

Gobernar sin escuchar se puede calificar como una negación de la política si se entiende a ésta como la búsqueda del bien común. El presidente López Obrador no llevará al país por buena ruta, dividir entre el pueblo bueno y sus enemigos, porque como consecuencia natural, el conflicto se abre paso, incluso vemos que estados y municipios se toman decisiones distintas a las del gobierno federal y ronda la ruptura.

El tesoro de Moctezuma (Los 400 mil millones de pesos que había anunciado el Presidente) nunca apareció, y por segundo año consecutivo se ve forzado a echar mano del Fondo de Estabilización; pero no basta, va por los fideicomisos que sostienen la cultura, la ciencia, la educación. Otra vez se pone en práctica la tesis de que si algo no funciona correctamente, hay que eliminarlo en vez de corregirlo, así como hizo con las estancias infantiles, con los comedores comunitarios, con las zonas económicas especiales.

Rechazar diferir el pago de impuestos no tiene sentido cuando miles de empresas están cerrando; suspender el servicio de energía eléctrica a los organismos operadores de agua deudores, es de suma gravedad, si cumple la amenaza la Comisión Federal de Electricidad.

Por las rendijas que abre la anti política, se asoma el conflicto, como la amenaza de suspensión de pago de impuestos; el amago de los gobernadores de desconocer el Pacto Fiscal.

Pero al presidente no le importa lo que diga el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional; las calificadoras el INEGI y el día de mañana el Coneval.

Como Don Quijote, López Obrador lucha contra esos que son para él, molinos de viento y, en medio de la emergencia sanitaria y económica, dedica su tiempo y atención para descalificar los ventiladores de energía eólica en La Rumorosa en Baja California porque “afectan el paisaje”.

Es pues, muy desagradable la sensación que generan estos conflictos, innecesarios en medio de una contingencia donde la salud y la vida están en riesgo; cuando la contracción económica, se pronostica, rondará el seis por ciento y sus efectos inevitablemente se trasladarán al 2021.

Vivimos en un régimen presidencialista, donde las palabras y las decisiones de un solo hombre tiene un gran peso en el funcionamiento de las instituciones y por ende, en la vida de las personas. Pero la gente no llevará sustento a sus casas ni aliviará sus males con ideologías, por lo que el Presidente no puede romper vínculos con segmentos sociales, su caída en las encuestas deben hacer que reaccione, que corrija, para que México salga adelante.

¿Qué va a pasar?, no lo sabemos, pero lo que sí podemos pronosticar es que, si no se recompone el camino, la crisis que le vino “como anillo al dedo” al presidente López Obrador, dará paso a un movimiento de reconstrucción nacional. No podría ser de otra manera.