Hoja verde
La presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado, desde el inicio de su gobierno, disposición al diálogo con el magisterio y sensibilidad frente a las demandas históricas de maestras y maestros. Existe una diferencia clara entre la lógica priista y panista que durante años criminalizó la protesta docente y la visión de un gobierno que reconoce al magisterio como un actor fundamental de la vida nacional. Sin embargo, la responsabilidad de conducir el sistema educativo exige también eficacia política, capacidad de interlocución y claridad estratégica.
Ahí es donde comienzan a evidenciarse problemas serios en la conducción de la política educativa federal.
La Secretaría de Educación Pública no puede actuar únicamente como una oficina administrativa ni limitarse a contener crisis coyunturales. La SEP requiere conducción política, capacidad de negociación y una visión integral del sistema educativo nacional. Hoy, lamentablemente, amplios sectores perciben improvisación, desgaste institucional y una preocupante falta de control político en el manejo del conflicto magisterial.
La conducción de Mario Delgado enfrenta cuestionamientos legítimos. No basta con administrar conferencias, declaraciones o acuerdos parciales mientras crece la incertidumbre sobre el cierre del ciclo escolar. La política educativa demanda presencia territorial, diálogo permanente y capacidad real para desactivar conflictos antes de que escalen socialmente. Cuando millones de estudiantes y familias comienzan a preguntarse si habrá cambios en el calendario escolar, el problema ya dejó de ser sindical para convertirse en un asunto de Estado.
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