Control de daños
En el contexto de la violencia hay muchas víctimas; muchas de ellas no tienen voz porque sus características les impiden imponer temas a la agenda pública, por tanto, no son visibles. Con la niñez pasa eso, pero además ocurre de manera literal. Reportes actuales de la condición de los niños en el contexto de la guerra sostienen que las infancias, por ejemplo en Palestina, han quedado sin la capacidad de hablar. La niñez es quizás la víctima más silenciosa de la violencia.
Hace unos días participé en una presentación de libro, en el marco de la FILA 2026. La obra pone el acento en replantear la manera en que vemos la crisis de seguridad en México y contemplar, entre los aspectos que la promueven, el flujo masivo de armas que todos los días cruza la frontera de Estados Unidos (EUA) a nuestro país.
Ese es el primer argumento central, el cual me parece relevante porque el autor, Fernando Cocca Meneses, sostiene que se tiene estimado que más o menos 50 armas cruzan de EUA a nuestro país cada hora; es decir, entre 250 mil y 500 mil al año. Esto es un flujo similar al que se emite desde México a EUA de dosis de fentanilo.
Ambos países padecen una crisis común: una con implicaciones en el ámbito de la salud pública y otra, de este lado de la frontera, en el ámbito de la violencia. Finalmente, ambas pueden ser consideradas crisis humanitarias.
En ese sentido, el problema también puede ser visto como un círculo vicioso. Pensar que el problema es sólo de México es tener una visión limitada de la circunstancia; suponer que EUA tiene entera responsabilidad, también lo es. Por ejemplo, si no existiera ese flujo masivo de armamento hacia el sur, el tráfico de drogas hacia el norte perdería su capacidad de defensa y logística y las fuerzas del Estado mexicano tendrían mayor capacidad de control, por plantear un argumento.
En la obra, también se pone énfasis en el fenómeno de la violencia, no centrado en las narrativas sobre capos, personajes que han incluso desdibujado y creado una subcultura que hace apología de la muerte, la violencia y el delito. Se trata de poner en el centro el resultado del problema público, y en este caso, lamentablemente, son las víctimas, las personas asesinadas, desaparecidas y agredidas, las familias, la sociedad. El problema o la tragedia no son sólo las balaceras, son también sus consecuencias permanentes.
Entre las cifras devastadoras, desgarradoras y trágicas, está la de las y los huérfanos, la niñez que queda sin padres ni madres, producto de la violencia persistente en nuestro país. Entre 2006 y 2024, 367 mil niños y niñas han quedado huérfanos, a causa de esta crisis. Y es que el problema no termina con los muertos, la bala que detona un arma sigue lastimando profundamente por años, atraviesa generaciones y desgarra infancias. Todo mal que se genera a las infancias desafortunadamente termina por tener consecuencias negativas para la sociedad en su conjunto. Pensar en las infancias siempre es pensar en el futuro de los pueblos.
En una referencia del pensamiento clásico, Platón, en su obra La República, en la que idealiza una organización política perfecta cuya característica central es la justicia, describió que uno de los temas centrales para lograrla es el tratamiento a la niñez. En su pensamiento, los niños son la base de una sociedad justa, son centrales para el destino de una organización social. Lo son, quiero pensarlo, porque, como se entiende, son quienes asumirán en un futuro inmediato la conducción, las decisiones públicas de una sociedad, y las heridas producto de la desatención colectiva tendrán implicaciones colectivas también.
Pero además considero que desproteger a las infancias expresa la desatención a un sector vulnerable, uno que tiene, por sus características, una voz de menor fuerza que otros sectores y que, por ello, desprotegerlo es sinónimo no solamente de descuido, sino de una falta de sensibilidad ante quienes están en condiciones de desamparo.
Hay un verso de Antonio Machado que suele asociarse con la fragilidad de la niñez y la desatención social: “En cuestiones de cultura y de saber, / sólo se pierde lo que se guarda; / sólo se gana lo que se da”.