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ACAPULCO, Gro., 11 de octubre de 2025.- Especialistas en psicología, tanatología y docencia universitaria sugirieron reforzar la prevención del suicidio desde el hogar, la escuela y los espacios comunitarios, con estrategias de acompañamiento emocional y educación en salud mental, ante el incremento de casos en el país.
Coincidieron en que Guerrero, a pesar de sus bajas cifras, requiere mayor atención preventiva y una política pública que coloque a la salud mental como prioridad.
De acuerdo con los datos preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de 2024, México registró ocho mil 856 suicidios, con una tasa nacional de 6.8 por cada 100 mil habitantes.
En contraste, Guerrero figura entre las entidades con las tasas más bajas con cerca de 1.6 por cada 100 mil habitantes.
En el conversatorio Hablemos de Suicidio, convocado por la asociación Amare Humanitas AC en el hospital Aqua para conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental, participaron la psicoterapeuta y tanatóloga Amanda Gómez; la psicóloga Michelle Abadiano, especialista en acompañamiento emocional; y el académico con más de 30 años de experiencia en docencia e investigación, doctor Fernando Reyes.
El panel, se llevó a cabo la noche del viernes y fue moderado por la psicóloga Vilma Marenco, integrante de Amare Humanitas.
Los especialistas coincidieron en que hablar abiertamente del suicidio no incentiva la conducta, sino que contribuye a prevenirla, al abrir espacios seguros de diálogo, contención y acompañamiento emocional en el hogar, la escuela y la comunidad.
A partir de los datos del Inegi presentados al inicio del conversatorio, el médico Fernando Reyes alertó que los segmentos de edad más afectados son las personas de 15 a 29 años y las de 30 a 44 años, personas en etapas formativas o productivas, lo que genera un fuerte impacto familiar, educativo y laboral.
La psicoterapeuta Amanda Gómez explicó que el concepto de abandono digital describe la práctica de delegar la crianza a dispositivos, lo que se considera una forma de violencia hacia la infancia.
Señaló que esta situación se filtra cuando los padres no cuentan con tiempo o herramientas, pero que ello no debe servir como excusa para descuidar la presencia afectiva y la supervisión consciente.
La psicóloga Michelle Abadiano afirmó que la llamada generación de cristal no es fruto de vulnerabilidad natural, sino de una crianza con poca orientación emocional.
Planteó que los hijos necesitan guía para enfrentar la frustración, reconocer sus emociones y sostenerse en medio de crisis, y que la ausencia de ese acompañamiento facilita el sufrimiento.
En seguida, Fernando Reyes planteó que el suicidio no siempre obedece a un deseo de morir, sino a la urgencia de salir de un dolor emocional insoportable.
Indicó que este fenómeno es complejo y multifactorial, en las que se implican factores como rupturas afectivas, enfermedad, desempleo, aislamiento y desesperanza acumulada.
Agregó que los hombres concentran la mayoría de las defunciones suicidas debido a normas sociales que limitan la expresión emocional, y propuso impulsar la educación emocional desde el hogar y los espacios públicos como medida preventiva.
La moderadora Vilma Marenco enfatizó que la mayoría de los suicidios ocurren en el ámbito doméstico, lo cual evidencia una crisis silenciosa que demanda reforzar redes familiares, capacitación docente y ampliar el acceso a servicios de salud mental.
Subrayó que el presupuesto asignado, menos del uno por ciento, es insuficiente para la magnitud del desafío.
El conversatorio concluyó con un llamado a fortalecer la escucha activa, la empatía y los vínculos afectivos como elementos clave de prevención.