Supuestos predictivos opinables
Los personajes públicos muchas veces son el reflejo de aquello que, como sociedad, nos convence. Podemos objetar a los liderazgos como el de Donald Trump, pero algo hay en aquellos ciudadanos norteamericanos que votan por él y que conectan con las posiciones xenófobas e intolerantes, por decir solo algunos rasgos, y en esa conexión se respalda su liderazgo particular. A estos perfiles se les ha definido como liderazgos emergentes, disruptivos, pero esas hierbas crecen en un terreno propicio para su desarrollo, no por generación espontánea.
Lo mismo podemos decir del resto de las sociedades y, por supuesto, de la nuestra.
Cuando observamos a los perfiles políticos en escena, a quienes muchas veces criticamos, también debemos reconocer que esos liderazgos conectan, desde sus expresiones y prácticas, con una mayoría que los respalda porque se reconoce en ellos: en sus posiciones políticas, en sus expresiones, en su carácter y en la forma de dirigirse públicamente. Un aspecto abordado desde la ciencia política con el concepto de representación simbólica de Hanna Fenichel Pitkin.
En el pensamiento clásico suceden también estas reflexiones. La figura de sus héroes ha sido también el reflejo de los valores sociales antiguos. En estas sociedades del pasado, las historias épicas daban pistas sobre los cambios culturales y políticos de sus épocas, con las que seguimos confrontando nuestra imagen actual. Por ejemplo, en el punto de partida de la literatura occidental están las grandes historias de La Ilíada y La Odisea, ambas con propuestas distintas de héroes. Aquiles es un paradigma de líder ansioso de gloria personal, interesado en trascender en el tiempo; pelea por su nombre. Héctor, en cambio, lo hace por su patria, por su comunidad, con mayores matices cívicos; y Odiseo, que es presentado como el de las muchas tretas, es un personaje que está entre el deber ser y el ser práctico que resuelve problemas, resiliente en sus desafíos. Estos tres modelos también son la visión de las sociedades antiguas.
Hoy tenemos por héroes, o como su símil, a una diversidad de personas que van desde deportistas, artistas, influencers o personajes públicos como los actores políticos. Y en ellos nos observamos también, porque en sus expresiones formales o informales, en su postura histriónica o moderada, también está el ánimo colectivo.
Por eso, la selección de estos perfiles en los procesos electorales también es la expresión de lo que somos. Por ello, estoy convencido de que las épocas electorales son una vitrina para observar en escena a estos líderes, pero también una oportunidad para vernos en su reflejo.