Con múltiples y variadas críticas en torno a su perfil sicológico, el presidente de Estados Unidos Donald Trump ha ordenado la construcción del muro divisorio entre aquel país y el nuestro a menos de una semana de haber tomado posesión.

El hecho ha indignado a los mexicanos y a gran parte de la sociedad latina y mundial que, de diversas formas, han expresado su solidaridad para con el gobierno y el pueblo de México, y en lo interno, ha unido a todos los actores políticos sin distingo de partido y a los empresarios, en torno a la institución presidencial, por lo que es considerado, por algunos políticos, como un atropello a la soberanía y dignidad nacional.

Y en ello, hay razones suficientes para sentirse agraviado, sobre todo, por la estrecha relación comercial que ha unido a las dos naciones, relación, que hoy Trump pone en riesgo para la paz y tranquilidad política y social de ambas sociedades, independientemente de los perjuicios económicos y financieros del empresariado binacional.

Pero, bien vale la pena analizar algunas variables que juegan un papel importante en este entramado de políticas: ¿La construcción del muro es una loca idea o es la primera de un rosario de acciones más radicales? ¿Cuál es la afectación real a nuestro país, su construcción o su pago? ¿Cuáles serán las consecuencias de corto y mediano plazo con relación a los migrantes en tránsito?

Para dar respuestas a estas interrogantes, me atrevo a decir que la construcción del muro es sólo la muestra de medidas más radicales de tipo político-militar, porque no nos enfrentamos a decisiones de un peregrino personaje, sino a toda una casta de ultraconservadores de mentalidad atávica para los que los acuerdos y negociaciones políticas son sinónimo de debilidad, ellos, proclaman el uso de la fuerza para sacar avante sus proyectos y/o defensa de sus intereses. Visto así, Trump vendría siendo sólo un vocero de grupos de poder muy fuertes. Luego entonces, preparémonos y no regateemos la unidad en torno a nuestras instituciones, ya basta de frivolidades o memes en las redes, la amenaza a nuestra seguridad es seria.

Con relación a la segunda cuestión, indudablemente que el pago es más grave que la construcción, después de todo una persona (o país) puede hacer lo que guste en su terreno, pero de ahí a que lo solvente el vecino hay una gran diferencia. Exigirnos el pago del muro refuerza mi primera hipótesis. ¡cuidado!

Con relación al tercer planteamiento, el problema se torna grave por: 1) la notable ausencia de un Estado de Derecho, es decir, que impere la ley en todos los actos de ciudadanos y gobierno, 2) las insuficientes fuentes de empleo que, a más de ser un problema económico, cuando es permanente tiende a convertirse en un problema social. De ahí que el país no tendría suficiente trabajo para los migrantes que no puedan pasar al país del norte y se convertirían, más temprano que tarde, en una carga para México.

El problema, por su tamaño, está a punto de convertirse en el mayor reto de la política internacional que haya enfrentado el gobierno mexicano en muchos años. Concertar acuerdos internos para hacerle frente, es prioridad política. Lo que no estoy seguro, es si se puede estar unido cuando hay elecciones importantes como la del Estado de México.