Prisa, choques y mensajes en el PRI

El dirigente nacional del PRI dijo el viernes pasado que el Consejo Político de su partido definirá hasta finales de año el procedimiento para elegir al candidato presidencial. Pero empujado por la urgencia de dotar de visibilidad e imagen a su candidato, y también de aplacar la agitación interna y canalizar esa energía, el dilatado plan de Enrique Ochoa Reza sencillamente es impracticable. En realidad, la ansiedad desborda al PRI, la ansiedad de los aspirantes, de los grupos políticos y económicos que velan por sus intereses, y de las bases.

No parece posible que el nombramiento del candidato priísta pueda ser aplazado para más allá de octubre, pues el proceso sucesorio experimenta un aceleramiento que crece día con día. Los acontecimientos políticos de la semana pasada lo muestran: los secretarios de Hacienda y de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade y Luis Videgaray, exhibieron ante el mundo una cercanía que en el contexto de la lucha política por la candidatura sólo puede significar que van juntos. Eso ocurrió al develar, juntos, en la Secretaría de Hacienda el retrato oficial de Videgaray, y en la de Relaciones Exteriores el de Meade.

Esa proximidad entre el secretario de Estado más cercano al presidente Enrique Peña Nieto –y al que se atribuye la mayor influencia sobre él, comprobada en los hechos– y el secretario al que se supone ayudan las reformas estatutarias aprobadas hace unos días por la Asamblea Nacional del PRI, que eliminaron el candado de la militancia forzosa para ser candidato presidencial, conduce a la deducción de que Meade podría ser el elegido.

Esa conjetura está asida de las señales públicas. Pero una señal no pública, que circula en las sobremesas de los comederos políticos, agrega consistencia a esta especulación. Es la versión de que entre Videgaray y el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, se produjo una ruptura al calor de la disputa por la sucesión. Es sabido que Nuño era, o es, integrante del grupo de Videgaray, y que el ahora canciller lo sumó al grupo en el poder. Esta presunta ruptura o le da más posibilidades a Nuño de ser el candidato, o se les quita todas, dependiendo del grado de influencia que en esta determinación sea capaz de ejercer Videgaray. Si su influencia permanece intacta ante Peña Nieto pero la usa para apoyar a Meade, como parece, Nuño no sería el elegido. Sin embargo, existe la posibilidad de que la cercanía de Nuño con el presidente haya rebasado a la de Videgaray, en cuyo caso las cosas cambian.

Todo lo anterior parte de los indicios que la clase política del PRI ofrece sobre el proceso de designación de su candidato presidencial. Y a ello debe agregarse el papel cada vez más débil que en ese juego tiene el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, que según esos mismos datos públicos, por la influencia de Videgaray habría sido excluido ya de la posibilidad de ser candidato a pesar de que es el miembro del gabinete que mayor ventaja obtiene en todas las encuestas.

Otra muestra de que la sucesión en el PRI no podrá posponerse mucho tiempo más la proporcionó el senador Emilio Gamboa Patrón en estos mismos días, al mencionar a los cuatro presidenciables que están siendo considerados en su partido: Osorio Chong, Meade, Nuño y el secretario de Salud, José Narro. Gamboa Patrón ha estado presente en los destapes priístas desde el de Miguel de la Madrid, y cualquier cosa que diga al respecto debe ser tomada en serio. Si Gamboa patrón ve sólo a cuatro, es porque son cuatro, y si ventiló sus nombres muy probablemente fue porque le dijeron que los ventilara, y sólo Peña Nieto pudo haberle dado esa instrucción.

Por lo tanto, la declaración de Gamboa Patrón debe ser considerada un mensaje para los priístas, una especie de “no se vayan a hacer bolas”, como el de 1994 cuando Luis Donaldo Colosio parecía perder la candidatura. También la exhibición de Videgaray y Meade contiene un mensaje, el mismo. De manera que ya no hay lugar para las dudas: uno de esos cuatro será el candidato del PRI, y más probablemente uno de los dos tapados que ahora están peleados. Si el PRI se halla en la situación de no perder más tiempo, el destape, en consecuencia, se dará seguramente antes de que los enfrentamientos entre los grupos que protagonizan la disputa sean irreparables, y no falta mucho para eso.

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