Prepararse para el cambio… ¿qué vamos a hacer si López Obrador gana la Presidencia?

(Primera de dos partes)

 

Uno de los escenarios que ya se están tomando muy en serio empresarios, dirigentes políticos y personajes del gobierno federal, es la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de México en junio del 2018, dentro de solo quince meses.

De allí que se advierten ya corrientes de opinión –y preparación para el cambio político- a favor y en contra, que en el caso de Guerrero van a poner a prueba no ya la fortaleza del PRI o del PRD para enfrentar el amplio lopezobradorismo que aquí existe, sino la gobernabilidad del estado y la viabilidad del proyecto astudillista a largo plazo.

Veamos. El gobernador Héctor Astudillo Flores ha hecho un gobierno políticamente eficiente, que en poco tiempo recuperó la gobernabilidad y el orden institucional que se había perdido; ha enfocado sus esfuerzos a la diversificación económica, la inversión productiva, y ha fortalecido los programas sociales y la obra pública para generar bienestar y desarrollo.

Pero a pesar de sus grandes avances, la sociedad sufre aún los embates de la inseguridad, y resiente ya los efectos de la crisis económica que afecta al país desde el entorno internacional, tanto por la inflación como por el riesgo de que disminuyan las remesas que envían desde Estados Unidos nuestros paisanos migrantes guerrerenses -1,371 millones de dólares, de los 26 mil que enviaron los mexicanos el año pasado, según el Banco de México-.

Para la elección presidencial del 2018, Astudillo está alineado completamente con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, uno de los más fuertes aspirantes a la candidatura del PRI, y a la sazón el principal aliado con el que cuenta para combatir a las bandas criminales que generan la violencia en el estado, a más del compromiso del presidente Enrique Peña Nieto y de todo el Gabinete de Seguridad –Ejército, Marina y Policía Federal incluidos- de pacificar Guerrero.

El gobernador cuenta además con un gran apoyo financiero –histórico- de parte de la federación, que le ha permitido llevar a cabo su programa modernizador, y sostenerlo a pesar de los recortes presupuestales de este año

–pero que suma más de 55 mil millones de pesos-.

 

Muy difícil escenario nacional para el PRI en 2018…

Pero para el 2018 el escenario electoral del PRI es francamente negativo. A la multiplicada violencia criminal y a los escándalos de corrupción –protagonizada por personajes de todos los partidos, pero atribuída más al PRI, por antonomasia- se suma ahora una debacle económica que por un lado ha obligado a una impopular alza de los precios de los combustibles, y por el otro a disminuir subsidios, inversiones y presupuestos, para enfrentar la caída de los precios del petróleo, del valor del peso, y con todo un lío en el escenario internacional que impide ver alguna recuperación en el corto y mediano plazo, mientras aumenta la inflación y el público resiente el alza generalizada de los precios de productos de consumo.

De manera que más allá de las explicaciones de alta economía, en la percepción del mexicano promedio, la crisis actual es culpa del presidente Peña, del PRI y de los gobiernos corruptos, generando un desgaste tremendo de la figura presidencial, que augura una baja votación para el priismo en el 2018. A menos que se congele el precio de la gasolina, se enfrenten con decisión los ataques del presidente norteamericanoDonald Trump contra nuestro país, y el tricolor logre un triunfo contundente al menos en el Estado de México este año…

Para colmo, la nominación de candidatos a la presidencia de la república tendrá sus propia dinámica de desgaste para los principales partidos, porque el PRI deberá recuperar a Manlio Fabio Beltrones para evitar divisiones internas y rupturas, sea o no candidato el señor Chong; porque en el PAN Margarita Zavala genera enfrentamientos entre grupos; y porque el PRD está perdiendo cuadros y de hecho no tiene un solo perredista que dé el ancho para aspirar a ser candidato, a menos que se la juegue con el externo jefe de Gobierno de la CDMX, Miguel Ángel Mancera… todos muy por debajo de López Obrador en las encuestas, con todo y que las mediciones hechas pecan de prematuras.

Pero lo curioso es que, con encuestas o no, el espacio de la opinión pública en México se está abriendo cada vez más para aceptar a un posible presidente de Izquierda, que enfrente las crisis de inseguridad, de corrupción y la debacle económica que vive el país –aunque tenga cola que le pisen-; lo que cada vez coincide más con la figura de un Peje que ha ido matizando sus declaraciones y posturas, y al que incluso el sistema político que lo ha combatido por años, parece estarle guiñando un ojo.

Por eso y más es que muchos se están preguntando qué harán en Guerrero y en México para enfrentar al fenómeno de un lopezobradorismo en alza que ya no va por fuera, sino por el centro de la discusión política actual. Su fantasma nos ha perseguido en spots y en el centro de la propaganda gráfica de su partido, Morena, permanentemente

–lleva más de una década en campaña ininterrumpida-, y es tiempo de  preguntarnos si AMLO representa la ruta natural de la evolución política en el país o hay alternativas; y sobre todo, qué va a suceder si llegamos a tener un presidente de Morena coexistiendo con un gobernador del PRI. Pero de eso hablaremos en una segunda parte. (CONTINUARÁ…)

 

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