Al Partido Acción Nacional lo aquejan luchas y rivalidades internas en el camino al 2018. Carente del ascendiente moral de los tiempos de Manuel Morín, el albiazul lleva en sus entrañas, al igual que los demás partidos, las facciones capaces de emplear todas las argucias y estrategias con tal de obtener el poder.

Arropados con un, cada vez más débil velo doctrinario, los panistas se han vuelto desmesuradamente pragmáticos por no decir oportunistas, que construyen acuerdos sumamente frágiles, de corta duración, en tanto la manzana de la silla presidencial, curul o gubernatura no le guiñe el ojo a alguno, porque a partir de ese momento se soltará la jauría tras la presa.

Lo más reciente, es el reclamo de un grupo de reconocidos panistas en contra de su presidente Ricardo Anaya por el hecho de jugar un doble papel, como dirigente máximo de su partido y como presunto candidato a la presidencia de la república, valiéndose de la elasticidad de la ley que otorga tiempos en medios audiovisuales a los partidos políticos fuera de tiempos electorales.

Bien saben los panistas que tal prerrogativa las está aprovechando el joven dirigente para llevar agua a su molino, quien a su vez, se defiende con el sonsonete que él está trabajando para sacar avante las elecciones de 2017 en el que se elegirán tres gubernaturas, 34 diputados de mayoría relativa, 21 plurinominales y 270 presidencias municipales, que por cierto, en caso de triunfo serían sólidas medallas para aspirar a la grande, pero, en caso de fracasar en los comicios del primer domingo de junio del año próximo, será la tumba de sus aspiraciones.

Como se puede observar, la pugna interna nada tiene que ver con su ideología, que como sabemos está anclada en el centro derecha, sino con intereses mundanos, con ansias de poder de los grupos en conflicto, de cuál de ellos se posiciona mejor en lo que falta para la gran batalla. Las tensiones generadas por las corrientes antagónicas, están desestabilizando al partido, trastocando los equilibrios que, lejos de favorecer su posibilidad de retornar al poder presidencial, lo aleja cada vez más.