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ACAPULCO, Gro., 2 de noviembre de 2025.- El arzobispo del puerto, Leopoldo González González pidió a la comunidad católica unirse en oración por la desaparición del sacerdote Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, de la Diócesis de Cuautitlán, Estado de México.
En su mensaje dominical con motivo del Día de los Fieles Difuntos expresó su preocupación por la violencia que ha alcanzado también a integrantes del clero y confió en que el presbítero sea encontrado con bien.
“Hoy, permítanme, les pido nos unamos en oración por el padre Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, que desde el martes pasado se encuentra desaparecido. Lo confío a su oración, el Señor lo cuide y lo proteja”, dijo.
Quadratín Gurrero informó que el sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada, párroco de Mezcala que fue reportado como desaparecido el sábado 4 de octubre y hallado sin vida dos días después en el municipio de Eduardo Neri.
González González calificó estos acontecimientos como signos de una violencia desbordada que no respeta la vida consagrada ni los espacios de fe, y reiteró su llamado a la conversión de los responsables.
“Este día hagamos un recuerdo especial de aquellas personas que viven el gran dolor de un familiar desaparecido o asesinado. La indignación de todos y la tristeza de todas estas familias sea un severo llamado a la conversión, a las bandas criminales que los han desaparecido o asesinado”, expresó el arzobispo, al pedir justicia y consuelo para las víctimas.
El líder religioso insistió en que la impunidad sigue siendo terreno fértil para el crimen y pidió a las autoridades no dejar impunes los casos que afectan al clero y a la sociedad.
“Que la impunidad no siga haciendo abono del crimen y que el odio no llene de amargura a quienes han sido víctimas”, señaló.
Leopoldo González recordó que la fe y la esperanza deben sostener a las familias que viven la ausencia o la pérdida de un ser querido.
“El Señor Jesús siempre estuvo al lado de estos hermanos nuestros cuando eran víctimas de la violencia. Consideraba hecho a sí mismo lo que les hacían a ellos”, dijo.
El arzobispo reflexionó sobre el significado de la pérdida y la memoria de quienes han partido, y destacó que el dolor ante la muerte de un ser querido es más profundo cuando ocurre de forma inesperada o injusta.
Retomó las palabras del poeta Jaime Sabines, quien escribió que cuando muere un hijo no hay manera de nombrar al padre porque su dolor no tiene nombre, para recordar que el vacío que deja la ausencia es una herida que solo puede aliviarse con fe.
Exhortó a las familias a mantener viva la esperanza cristiana e invitó a orar con gratitud por los difuntos como una parábola de amor y comunión que une a los vivos con quienes ya descansan en la paz del Señor.