ACAPULCO, Gro., 13 de marzo de 2019.- Julio César López Patolzin sirvió como militar en La Montaña de Guerrero, antes de ingresar a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, donde se convirtió en uno de los 43 desaparecidos en Iguala.

Durante la contingencia por el huracán Ingrid y la tormenta Manuel, en septiembre de 2013, Julio César fue enviado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a Chilpancingo, la capital del estado, a colaborar en las tareas de ayuda a la población.

Allí, tuvo un accidente. Su padre, Rafael López Caritino, cuenta que en las labores de rescate, Julio César cayó de un puente, se lesionó su espalda y prácticamente quedó inhabilitado para continuar con el trabajo pesado, propio de un soldado.

Es lo que alcanza a contar don Rafael, mientras camina en otra marcha, para exigir la presentación con vida de su hijo, y para solidarizarse con los maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), que exigen la incorporación de más de 5 mil 700 maestros a la nómina federal. Pide que no graben su testimonio, pero accede a platicar con el reportero.

De acuerdo con su versión, la Sedena se negó a hacerse cargo de la invalidez de su hijo, y éste decidió desertar. Así fue como Julio César llegó a la Normal de Ayotzinapa. Hizo examen de admisión, y lo pasó.

López Catarino viste playera tipo polo, pantalón de mezclilla y se cubre del sol con una gorra. Porta en sus manos un estandarte con el rostro de su hijo, que al año de su desaparición contaba con apenas 25 años.

Por indicaciones del vocero de los padres de los 43, Felipe de la Cruz Sandoval, no puede dar entrevistas, tras la difusión de los videos en el programa de Ciro Gómez Leyva en Grupo Fórmula, que comprometen a su esposa y a su hijo.

Lo único que repite, es que Julio César no era un infiltrado del Ejército en Ayotzinapa, como se señala.