ZITLALA, Gro., 9 de septiembre de 2019.-En este municipio nahua ubicado en la zona Centro de Guerrero, existe una fiesta popular de gran arraigo, en la que la Iglesia católica está presente en la cultura indígena y la cultura indígena en la Iglesia católica sin conflicto, porque los habitantes mezclan rituales originarios y ceremonias religiosas.

La festividad es en honor a San Nicolás Tolentino, conocido como el Santo Negro, la cual se celebra del 8 al 10 de septiembre de cada año. San Nicolás fue adoptado como santo patrón de los católicos en Zitlala, pues se cuentan que por allá en tiempos de la Revolución, el santo ya no quiso regresar a su pueblo, en Cuajinicuilapa.

Durante la fiesta de San Nicolás hay cultos pagano-católicos que duran más de 12 horas continuas: ofrendas de flores, rezos, danzas, música de banda, misas, recorrido del teopancalaquis, salida del teponaztli, el encuentro de velas, jaripeo de toros, comida, mezcal, copal y pan en honor del santo.

El domingo se realizó el encuentro de las velas en un paraje a la orilla del río, donde vecinos de los tres barrios tradicionales: Cabecera, San Mateo y San Francisco, colocaron velas, flores y pan en un altar, rito que anunció el inicio de la fiesta de San Nicolás.

El encuentro de las velas también tiene otra interpretación, menos aprobada por los habitantes, se trata de la culminación del ciclo del atzatzilistli (petición de lluvias) que comenzó en mayo con ofrendas al cruzco y la pelea de tigres, por lo que ahora se agradece a los dioses prehispánicos por el agua.

A las tres de la mañana de este lunes se realizó el recorrido de teopancalaquis, por las calles del pueblo y salió el teponaztli, un instrumento musical tipo tambor de madera, considerado sagrado, acompañado de hombres jaguar que hicieron el llamado del momento espiritual.

Los pobladores cuentan que San Nicolás no quiso regresar a Cuajinicuilapa. La versión reza que San Nicolás venía de la ciudad de Puebla, donde lo llevaron a retocar, pero al pasar por Zitlala, el santo se puso pesado y nadie fue capaz de cargarlo para regresarlo a la Costa Chica.

Pero en Cuajinicuilapa la historia es diferente: se dice que durante la Revolución Mexicana, la persona que cuidaba al santo se lo vendió a unos indígenas de La Montaña. Incluso en años anteriores se contaba que en Zitlala no podían ver a un afromexicano, porque pensaban que los negros iban a Zitlala para rescatar a San Nicolás y devolverlo a la Costa.

Tanto en Zitlala como en Cuaji se reconoce que en la iglesia de la primera ciudad hay dos imágenes de San Nicolás, una chica y otra grande. La grande, dicen, la sacan sólo el 6 de enero para cambiarle la ropa porque se cree que fue en esa fecha cuando llegó al pueblo.

Pero en Cuaji se dice que al verdadero San Nicolás lo tienen escondido los mayordomos, quienes quieren evitar que algún costeño vaya a recuperarlo.

De leyendas a la realidad, lo cierto es que en Zitlala se permite que mucha gente entre a venerar a San Nicolás, incluso si uno no es creyente puede disfrutar del baile, del mezcal y de la hospitalidad de la gente que siempre ofrece mole con tamales para comer.

En Zitlala, la música y los cohetes se escuchan a todas horas desde el 9 y hasta el 11 de septiembre. De este modo, parece ser que los habitantes se olvidan un poco de la violencia que desde el 2016 ha golpeado a este municipio, ocasionada por la disputa de grupos del narcotráfico, y que ha causado asesinatos, desaparecidos y desplazados. Los pobladores resisten, no se someten y acuerdan revivir sus tradiciones.

En estos mismos días en la Costa Chica, principalmente en Cuajinicuilapa y Ometepec, se puede disfrutar del recorrido del Toro de Petate también en honor de San Nicolás.