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Esta historia tiene muchos ángulos.

Alberto Fernández escogió México para su única gira internacional como presidente electo de Argentina.

Visitó Palacio Nacional y todavía lo celebra porque salió cautivado.

Lo suficiente para anunciar a su regreso a Buenos Aires su decisión de reflejar en su país muchas de las actuales políticas mexicanas.

En esencia le maravillaron los datos relativos al programa Jóvenes Construyendo el Futuro, según ha confesado a interlocutores.

No sería correcto llamar a México tutor de Argentina porque ambos países no son sus ejecutivos actuales.

Pero sí puede pensarse en ese papel para la autodenominado cuarta transformación porque lo iluminará durante su mandato.

Hombre de izquierda, se identificó plenamente con acciones de su anfitrión y como vicepresidenta cuenta con una experta en los mismos menesteres, Cristina Fernández viuda de Kirchner.

La comunicación entre ambos interlocutores fluirá a título personal e institucional para dar seguimiento.

JOHN ACKERMAN

Ricardo Valero iba a ser el enlace.

Pero la sustracción de un libro tiene en entredicho su honorabilidad y su salud muy a pesar de la aguerrida defensa de Palacio Nacional.

Oficialmente ha sido regresado a México para explicaciones, pero aprovechará para revisiones médicas porque su condición preocupa mucho a su familia.

Todavía no se tiene información gubernamental sobre su futuro, pero no se considera adecuado su regreso a Argentina para una tarea tan importante.

Más bien sería lo segundo.

Se le da seguimiento a su estado de salud desde distintas instituciones, en la cancillería SRE por servicios recibidos y en la UNAM por su prestigiada carrera académica.

Quizá por ello ya se revisan perfiles y se tiene un prospecto: John Ackerman, incondicional y defensor de ya saben quién y con hondas raíces en la estructura oficial.

Vaya un dato simple: su esposa es Irma Eréndira Sandoval, secretara de la Función Pública y de su labor pende el discurso ejecutivo de la honestidad.

UN DESISTIMIENTO

En los negocios y la política mexicana ha impactado un proceso neoyorkino.

El síndico Gerardo Badin tiene prisa por desistirse de la demanda de Oro Negro contra los bonistas de la urbe de hierro.

La acusación es sabida: Oro Negro demandó a esos tenedores por interferencia dolosa, pues causaron la terminación de contratos con Pemex.

La duda: ¿por qué quiere hacerlo sin dar oportunidad al pronunciamiento de la Corte de Nueva York?

Si es avalada esa denuncia -he aquí una tesis-, alcanzaría un valor muy importante para hacer frente a los créditos concursales con muchas consecuencias.

La principal sería la recuperación de inversiones de los trabajadores mexicanos hechas por dos afores, Sura y Citibanamex.

No es una cifra irrisoria, pues representa unos 500 millones de dólares, equivalentes a cerca de 10 mil millones de pesos.

Hoy Oro Negro no tiene recursos para hacer frente a esa deuda a causa de otros pasivos -se habla de 970 millones de dólares- porque desde septiembre de 2017 no obtiene ingresos.

Pero esto no responde la pregunta: ¿a quién irían los beneficios del desistimiento de Gerardo Badin?