La Conago queda mocha

Justo el día que inició el proceso electoral más grande de la historia, el más complejo y desafiante, diez gobernadores anunciaron su divorcio de la Conferencia Nacional de Gobernadores, la Conago, toda vez que, según ellos, caducó su capacidad de interlocución con el poder central.

El éxodo coincide con la entrega del paquete económico 2021, el más austero de los últimos años. Los gobernadores “rebeldes” prevén escasez de recursos que los afectará seriamente por la inequidad del pacto fiscal porque a los estados que más aportan menos les toca.

Que los gobernadores panistas de Chihuahua, Tamaulipas, Durango, Aguascalientes y Guanajuato; los priistas de Colima y Coahuila junto con el perredista de Michoacán, el “emecista” de Jalisco y el independiente de Nuevo León abandonen la Conago desde luego también es un cálculo político, de controversia, rumbo a las elecciones federales de 2021 y la presidencial de 2024.

Con la ruptura, la Conago queda mocha, de adorno, de florero. Cuando el PRI perdió la presidencia por primera vez, la Conago tuvo sentido político; fue contrapeso de los gobiernos panistas y disfrutó los excedentes petroleros. Con Peña Nieto se convirtió en la cueva de Alí Babá.

El presidente apenas reaccionó a la ruptura de los autodenominados “federalistas”: “están en su derecho a disentir, no es obligatorio; hay libertad; es parte de la democracia; no entienden el cambio” …

¿Entonces, adiós que les vaya bien?