Aidé Nava González presintió su muerte. “Si Dios les da permiso, me van a quitar la vida”, dijo meses antes de su asesinato. Adivinó su futuro y lo encaró sin miedo.

Las presiones eran muchas: primero secuestraron a su hijo, después asesinaron a su esposo en  una emboscada. Siempre lo supo, la siguiente era ella, aunque nunca imaginó la saña y la violencia de la que sería víctima.

Este martes 17 de marzo, comenzó a circular un video en las redes sociales. “En memoria de nuestra compañera Aidé Nava González”, se lee en la introducción, con un fondo amarillo y el logo del PRD.

El video muestra la participación de Aidé en un encuentro nacional de mujeres perredistas, ocurrido en una fecha desconocida entre noviembre de 2014 y febrero de este año.

La perredista aparece con el rostro sereno, vestida con una blusa azul de mezclilla manga larga.

La conductora del evento presentó a Aidé y le cedió el micrófono. Al principio su voz fue entrecortada, nerviosa, con pequeñas pausas entre cada frase. Después tomó confianza y habló sin tapujos de su pasado, de su dolor, de su familia deshecha.

También habló del futuro, de uno que ya predecía, de la posibilidad de que la asesinaran.

“Les voy a hablar un poco de mi experiencia, de mi estado y de lo que yo he vivido en carne propia. Eso no me ha detenido, la prueba es que estoy aquí ante todos ustedes (…). Cada una de nosotras tiene una historia que a veces no nos atrevemos a contar por pena o por miedo, pero yo no he parado ahí. Mi nombre es Aidé Nava González, del municipio de Ahuacuotzingo, Guerrero, del cual me siento muy orgullosa y honrada”, expresó la perredista al micrófono.

Relató que su esposo, Francisco Quiñones Ramírez, fue alcalde de Ahuacuotzingo de 2009 a 2012, el primero de extracción perredista; en ese periodo, Aidé se desempeñó como presidenta del DIF municipal.

El 29 de septiembre de 2012, su esposo entregó el ayuntamiento al actual alcalde, Daniel Hernández Casarrubias, emanado del PRI.

Once días después, el 12 de septiembre, su hijo Francisco Quiñonez Nava fue secuestrado por un grupo armado. La familia pagó 300 mil pesos de rescate, pero tres años después, se desconoce su paradero.

El 28 de junio de 2014, ella y su esposo Francisco Quiñonez Ramírez fueron víctimas de una emboscada, en la que él perdió la vida.

“Le quitan la vida a mi esposo porque iba a contender nuevamente en estas elecciones. Lo sintieron muy seguro y le quitaron la vida. Yo en ese momento lo acompañaba cuando lo atacaron, gracias a Dios a mí no me pasó nada y yo dije que por algo sigo viva, que por algo estoy aquí y esa es la lucha. (…) El precio ha sido muy alto, el que me está costando estar aquí”, relató.

Una ola de gritos inundó el lugar. “¡Te apoyamos!, ¡te apoyamos!”, corearon las mujeres perredistas.

Nuevamente, Aidé tomó la palabra: “Desde ese día yo dije que esas personas se equivocaron si pensaron que quitando a Francisco Quiñones del camino se iban a quedar con el camino libre. ¡Se equivocaron!, porque yo no soy de las mujeres que se derrumban ni que se echan para atrás. ¡Acá estoy dando la cara de frente!”.

A su esposo lo asesinaron. Ahora ella tomaría su lugar en la contienda. Ahora ella representaría al PRD.

Por un momento se quedó estática. Apretó el micrófono entre sus manos y exclamó: “Si Dios les da permiso, me van a quitar la vida a mí también”.

Levantó el rostro y miró a las mujeres que la escuchaban atentas: “Y si no… ¡voy a quitarle ese municipio al PRI!”, dijo en un grito que fue secundado por los aplausos de las asistentes.

Aidé Nava se reconoció a sí misma como una mujer con una carrera reciente en la política, pero con ganas de permanecer y luchar.

También se describió como una mujer valiente, de un gran fervor católico que le permitió sobrellevar la pérdida de su esposo y su hijo.

Relató que en la contienda electoral anterior ella se lanzó como precandidata del PRD a la diputación local, por el distrito XXVII de la Montaña.

En su precampaña recorrió los municipios de la región y no le gustó lo que encontró en ellos: “Vi tanta pobreza, tanta desigualdad, tanta marginación para las mujeres. Vi a mujeres cargadas con leña, trabajando de sol a sol y nadie las escucha. En los pueblitos más apartados es donde las mujeres somos más marginadas”.

Aidé recordó que, a pesar de estar mejor posicionada, le quitaron la candidatura para dársela a un hombre, lo que ella calificó como un acto de machismo y “un dedazo del entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero.

Por ello, pidió la unión de las mujeres para exigir sus derechos y lograr los puestos de representación popular que se merecen.

“Yo me he ganado la candidatura a pulso, con mi esfuerzo y mi trabajo, pero lo peor, con el dolor. Pero el dolor a nosotras las mujeres nos hace más fuertes, el dolor a nosotras las mujeres nos hace cruzar fronteras. No quiero decir que soy el claro ejemplo, pero en parte así me siento y me siento muy contenta de estar aquí, de representar a las mujeres de guerrero, de las cuales no voy a agachar la cabeza ni me voy a rendir”, así terminó su discurso Aidé Nava.

La tarde del lunes 9 de marzo Aidé fue raptada por un grupo armado. La madrugada del martes se encontró su cuerpo torturado y decapitado.
Sobre el cuerpo se encontró una manta, presuntamente firmada por el grupo delictivo Los Rojos. “Esto le va a pasar a todos los putos políticos que no se quieran alinear y putos chapulines”, decía el texto en letras rojas.

 

Presintió su muerte. Sus palabras están grabadas para la posteridad.

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