En la pasada elección del año 2012, los partidos tenían clara una cosa: que la razón principal por la que un partido de oposición podría ganar aquella elección era la situación económica del país, en particular el aumento de la pobreza en los 12 años del panismo. Es era lo que haría votar a los mexicanos por otra opción. Y así sucedió.

 

México está entre las 15 economías más grandes del mundo, pero ocupa el lugar 71 en el Índice de Desarrollo Humano a escala global. En los últimos 20 años, hay 14.5 millones más de personas en pobreza y la proporción no ha disminuido. En 1992 había 46 millones de personas en pobreza por ingresos y para 2012 se había incrementado a 60.6 millones. La proporción de población en pobreza permanece casi igual: había 53.1 por ciento de población en pobreza en 1992 y hay 51.6% en 2012. La desigualdad tampoco se ha modificado sustancialmente, el coeficiente de Gini era de 0.53 en 1992 y de 0.50 en 2012.

 

Hoy en día. la pobreza tiene rostro de jóvenes, mujeres e indígenas. Hay más de 7 millones de jóvenes en trabajos precarios, casi 15 millones de mujeres en trabajos con menor paga o fuera del mercado laboral, y 16 millones de indígenas excluidos del México que sí crece. En su inclusión económica radica la oportunidad del incremento más sustancial de la productividad.

 

Lo que dicen hoy los expertos en pobreza, es que no es que se terminará la pobreza cuando haya crecimiento. No habrá crecimiento mientras tengamos esos niveles de pobreza. Que el escenario para la elección del próximo 7 de junio es de un profundo descontento y desánimo social que se debe reconocer”; sin embargo, la capacidad de los partidos para motivar a los votantes será clave de una elección exitosa.

 

Pero si prevalece un profundo descontento, decepción y hartazgo de la sociedad con la mayor parte de los políticos y los partidos, la economía está estancada, el crecimiento es muy desigual en las distintas regiones del país.

 

La situación social además se agrava por el clima de crispación e inseguridad. El tejido social está colapsado en muchos lugares. La presencia institucional tanto federal como estatal es prácticamente inexistente. La política social está diluida. Predomina un asistencialismo corruptor que impide a la gente romper el círculo vicioso de la pobreza.

 

Sin querer ser catastrofistas, hay que reconocer que el contexto actual es de gran desánimo de la sociedad. Una sociedad que, en ocasiones, está buscando salidas con expresiones violentas o peor aún, involucrándose en actividades ilícitas con la delincuencia organizada.

 

Lamentablemente habrá una mezcla de todo en estas próximas elecciones. Las campañas, los candidatos, la fuerza y capacidad de movilización de los partidos, los aciertos y errores del gobierno federal, de los estados y los municipios, el desgaste, el descontento, los escándalos. Todo suma o resta. Considero que va a ganar quien tenga mayor habilidad para convencer a los que aún no deciden. Es muy grave lo que está pasando, parece que los partidos políticos están vendiendo algún producto, un jabón, un pastelillo o un refresco.

Ante campañas vacías de contenido, va a ser difícil elegir. Por eso hay tantos indecisos. Sin embargo, los electores tendrán que valorar lo que se ha hecho. Hay que reconocer que venimos de tiempos muy difíciles, de gran descomposición. Durante 12 años o más se abandonaron a las instituciones.

 

En todo caso hay que votar por candidatos que estén a favor de una mayor transparencia y rendición de cuentas. Desde luego que los hay y es nuestra responsabilidad como electores buscarlos y presionarlos para que se comprometan a mejorar nuestra democracia. Usar el voto para premiar a los políticos que sí han entendido que los ciudadanos queremos un sistema diferente donde, para ganarse el derecho a gobernarnos, tienen que publicar su riqueza e intereses.

En este contexto, hay que reconocer que las elecciones tienen mayor utilidad en los momentos de crisis. Las elecciones son el menos peor de los métodos para llegar a acuerdos sociales, aunque éstos parezcan mínimos o insustanciales, para expresar el descontento acumulado, para hacerle saber a los gobernantes, a los partidos políticos y a sus dirigentes y militantes que hay ciudadanos que no están de acuerdo con las acciones de aquéllos. Es la manifestación más grande, la más más numerosa, la más plural.

 

ES CUANTO