Después de 40 días de desaparecidos, y ya aprendidos y confesando los autores intelectuales de la desaparición forzada de los normalistas, (la pareja igualteca compuesta por José Luis Abarca y su narco dama), la sociedad guerrerense y del país quieren justicia. Y es que la indignación va creciendo y los resultados de la investigación son muy pobres y resultan de gran descrédito tanto para el gobierno federal como el de Guerrero.

En la entidad suriana se tiene un nuevo gobernador interino, Salvador Rogelio Ortega Martínez proveniente del ámbito de la academia, el Dr. Ortega tiene una serie retos difíciles de encarar, o como dice de manera coloquial, “le toco la rifa del tigre”. Y no acababa de acomodarse aún en la emblemática silla cuando, en los más diversos ámbitos, se cuestionaban ya las supuestas buenas notas que le convirtieron en la mejor opción para suplir al cuestionado exgobernador y, también, el cómo y el porqué se eligió a un hombre como él, contrario al sistema y al partido del jefe del Ejecutivo, para encabezar el rescate de Guerrero por parte del gobierno federal.

Y es que efectivamente, más de uno se ha preguntado  de dónde surge Rogelio Ortega Martínez que tras fracasar (hasta) en dos ocasiones en su intento por alcanzar la rectoría de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) logra ahora, merced al apoyo del perredismo local y nacional, de Los Chuchos en particular —y del gobierno del presidente Peña Nieto, sin duda alguna— asumir como gobernador interino de la convulsa entidad.

El exsecretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero recibe una entidad en estado de coma, ahogada en penas profundas, en aguas revueltas por la marginación y el rezago endémicos, el encono ancestral, la infiltración del crimen organizado y la debilidad institucional… todos, ingredientes venenosos cocinados a fuego lento. 

La emergencia obligaba a no perder más tiempo y optar por alguien comprometido con lo más urgente sin estar amarrado a partidarismos: pacificar el estado, convocar a la conciliación, impulsar la gobernabilidad, subsanar el deterioro irremediable de la clase política… y dialogar con todos los actores. Para intentar lograrlo se apostó por alguien que, si bien no es ajeno a la política, tiene arraigo y trayectoria intelectual. 

Pero la de Ortega, como cualquier otra en este momento, es una salida de transición. Lo importante es cómo se operará, en el ámbito local, pero sobre todo en el federal, incluyendo gobierno y partidos, para limpiar en lo posible el terreno estatal previo a las elecciones, porque si no, en junio se repetirá el escenario actual, independientemente de quién gane las elecciones.

Y el verdadero desafío en este periodo es lograr que se aplique la ley. Por supuesto que un punto clave en todo esto es que se esclarezca el destino de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero de la mano con ello debe comenzarse a aplicar la ley de forma mucho más estricta a todos los actores: se debe desmantelar la estructura de protección de los criminales, en el terreno político y policial, pero también acabar con los desmanes de la CETEG y los normalistas; se debe continuar con las investigaciones sobre lo ocurrido en Iguala y, como parte de eso, desmantelar las organizaciones criminales, unas diez, que hegemonizan la violencia y el crimen, pero también se debe frenar a los grupos armados que pululan en la entidad y que son una verdadera amenaza a la seguridad nacional. Ningún estado de la República debe afrontar desafíos tan duros como Guerrero, ninguno, ni siquiera Michoacán, en su peor momento, tuvo que enfrentar retos tan diversos en un clima de descomposición tal, acrecentado por una desigualdad tan profunda que rebasa a casi la de cualquier otro estado de la República, instalada, además, en un clima donde la violencia y la inseguridad son cotidianas.

La primera señal de quien toma el mando para rescatar a Guerrero de la crisis fue pedir tregua a los normalistas de Ayotzinapa, donde la sangre hierve por el asesinato de tres, y el secuestro de 43, desde hace un mes. Si la violación a los derechos humanos en Guerrero insulta a todo el mundo, al país tanto más hiere ignorar la verdad detrás de los desaparecidos…

Antes, al rendir protesta ante el Congreso de Guerrero, el doctor Ortega se comprometió a trabajar con humildad y sin descanso, por la verdad y la justicia. El nuevo gobernador reconoció haber tenido contacto con la Presidencia de la República, en donde le ofrecieron toda la colaboración posible. Con el arribo de Rogelio Ortega hay esperanza de distensión ante un escenario de anarquía para resolver el problema de fondo, el cual rebasa al territorio guerrerense y topa en el ámbito del gobierno federal. La autoridad guerrerense, obligada a cumplir y hacer cumplir la ley está atrapada entre la incapacidad y el pánico de ejercer el legítimo monopolio de la fuerza frente a quienes rebasan la inexistente frontera entre la protesta y el delito.

Los retos del gobernador Ortega son indudablemente enormes, la sociedad y pueblo guerrerense espera pueda responder a la alturas de las circunstancias que tienen al borde del caos y la anarquía total a nuestra entidad suriana.

Es Cuanto.