CHILPANCINGO, Gro., 29 de noviembre de 2013.- Isaac Alcántara, un profesor involucrado en el movimiento, relató que en el municipio la actuación del crimen ya era insoportable: “Cobraban piso por todo, a los ganaderos los obligaban a pagar dos pesos por cada kilo que pesaran sus reses o chivos; los de las verduras, frutas, ropa y toda actividad también tenían tarifas de insulto”.

De los 10 mil habitantes que quedan en la cabecera, el 90 por ciento de las familias sufrió un secuestro; los rescates reclamados por la delincuencia iban de los 500 mil al millón de pesos, cantidad que en casi todos los casos resultó impagable.

El alcalde de la localidad, Efraín Peña Damacio, sostiene que  no se arrepiente de la aplicación del toque de queda, pues desde que este entró en vigor y de que los ciudadanos se movilizaron, los niveles de violencia bajaron de manera importante.

Hasta el momento no se han generado enfrentamientos entre la población armada con los delincuentes.