Del balcón al sótano
Diez años sin avances: las raíces estructurales del trabajo infantil en el Pacífico sur
Trabajo infantil en el Pacífico Sur: un problema estructural que persiste
La reducción del trabajo infantil en México durante la última década ha sido marginal, lo que evidencia las limitaciones de las políticas públicas para transformar las condiciones económicas y sociales que lo reproducen.
De acuerdo con las cifras de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) del INEGI citadas para 2015-2025, la población de 5 a 17 años en esta situación pasó de 3.6 a 3.5 millones, mientras que la tasa nacional aumentó de 12.3 a 12.6 por ciento. Esta evolución refleja que el crecimiento económico y las intervenciones institucionales no han sido suficientes para garantizar que la infancia permanezca fuera del mercado laboral.
En la región Pacífico Sur, la persistencia del fenómeno responde a la interacción de pobreza, desigualdad territorial, precariedad laboral y barreras de acceso a la educación.
Más que una suma de decisiones familiares individuales, el trabajo infantil constituye una estrategia de supervivencia en hogares donde los ingresos son insuficientes e inestables.
La estructura productiva es uno de los principales factores explicativos. En las zonas rurales, la agricultura familiar y las actividades informales incorporan a niñas, niños y adolescentes como parte de la fuerza de trabajo doméstica y productiva.
La participación infantil puede interpretarse socialmente como aprendizaje de un oficio o colaboración familiar, lo que contribuye a normalizarla y dificulta su reconocimiento como problema, especialmente cuando no existe remuneración directa.
Esta dinámica reduce los incentivos inmediatos para abandonar el trabajo, aunque puede comprometer la continuidad escolar y las oportunidades de movilidad social.
La desigualdad étnica y territorial profundiza el problema. La presencia de comunidades indígenas en estos estados coincide con rezagos históricos en infraestructura, servicios educativos, transporte y acceso a empleos formales. No obstante, la pertenencia indígena no constituye por sí misma una causa del trabajo infantil: el factor determinante es la desigualdad estructural que limita las oportunidades de las comunidades.
Cuando la escuela resulta distante, los ingresos familiares son insuficientes o los servicios públicos son precarios, estudiar y trabajar se convierten en actividades difíciles de conciliar.
Las diferencias estatales muestran, además, que el fenómeno adopta distintas modalidades. Guerrero y Oaxaca enfrentan una elevada incidencia de ocupaciones no permitidas y peligrosas, particularmente en actividades agrícolas y otros sectores informales.
En Chiapas, la magnitud de los quehaceres domésticos inadecuados evidencia que el trabajo infantil no se limita al empleo remunerado: las jornadas excesivas y las responsabilidades domésticas pueden restringir el tiempo destinado a la educación, el descanso y el desarrollo.
Michoacán, aunque presenta una reducción relativa, mantiene focos de vulnerabilidad vinculados con el trabajo agrícola y la informalidad.
La persistencia también revela un problema de medición e intervención. Cuando el trabajo se realiza sin pago, dentro del hogar o en unidades productivas familiares, puede permanecer invisibilizado y escapar de los mecanismos de inspección laboral.
Además, las políticas centradas exclusivamente en prohibir la contratación de menores resultan insuficientes si no se acompañan de ingresos familiares adecuados, protección social, servicios de cuidado y alternativas educativas accesibles.
La escasa reducción del trabajo infantil en el Pacífico Sur no puede explicarse únicamente por la pobreza, sino por la reproducción conjunta de desigualdades económicas, educativas y territoriales.
Reducirlo exige intervenir sobre sus causas estructurales: fortalecer los ingresos de los hogares, ampliar la protección social, mejorar la permanencia escolar y garantizar condiciones laborales dignas para la población adulta. Sin estas transformaciones, la prohibición legal difícilmente se traducirá en una disminución sostenida del fenómeno.
El único trabajo de los niños debería ser en sus sueños, diría la abuela.
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Fuente
INEGI. Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI).