El caminito de la escuela

Al reiniciar las actividades en el sistema educativo por la vía de educación a distancia, México se enfrenta a la cruda realidad de cómo el virus se está ensañando con las clases trabajadoras y las familias con menos recursos.

Claramente se vive un problema de acceso a la salud pública y muchas personas que ni siquiera pueden acceder a la atención médica. Cómo también de accesos limitados o casi nulo al empleo y por tanto a la canasta alimentaria.

Los hogares con ingresos reducidos en México son el 73,5 por ciento, mientras que los que no tienen hijos son una proporción del 57,9 por ciento. Además, el 48 por ciento de las familias del país están empleados en el sector informal, así que es fácil imaginar en qué situación se encuentran durante la cuarentena que no pueden salir ni trabajar

México ya tenía malos indicadores en educación y pobreza infantil y ahora con la covid-19 van a ser peores. Una amplía mayoría de la población mexicana vive de la economía formal y más de la mitad de los niños del país viven en situación de pobreza.

Esta situación atañe directamente a las entidades que conforman la Región Pacífico Sur (Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas) y más aún en tres últimos estados parte de la región y los cuales integran la franja de la pobreza en México.

La relación entre la educación y la pobreza es una relación construida. Esto significa que no es obvia o “natural”, no obstante la idea muy difundida acerca de que la educación es una de las formas privilegiadas de evitar y/o salir de la pobreza. Las ideas de pobreza y de educación son constructos asociados a supuestos e intenciones sociales que responden a los intereses de diversos grupos sociales específicos.

La pobreza en Guerrero es un problema de antaño, a la entidad pertenecen más de tres millones 533 mil habitantes (INEGI, 2015), de los que más de dos millones 300 mil personas viven en situación de pobreza (Coneval, 2016). 

La pandemia del coronavirus ha empeorado la situación económica de las familias guerrerenses, sin dejar de lado el tema de salud, donde más de nueve mil personas se han infectado y más de mil 100 han fallecido.

La tasa de desempleo antes de la pandemia en 2019, era de 1.4, sin embargo en la última evaluación del INEGI, en mayo del 2020 la tasa de desempleo se proyectó del 1.5, que se traduce 23 mil 604 desempleados en la entidad. Situación que se atribuye al cierre de hotelerías y restaurantes, entre otros negocios formales e informales, que se solventan por la actividad turística.

Otro factor que incide en la pobreza es el salario mínimo, con la inflación de los precios de los productos de la canasta básica, cada vez es más difícil poder adquirir más cosas. El salario mínimo en Guerrero es de 123.22 pesos al día, es decir, tres mil 746 pesos mensuales.

Según datos del INEGI (2015), una familia guerrerense se compone por 3.9 personas (padre, madre y uno o dos hijos). Por día, un empleado con salario mínimo, puede adquirir para alimentar a sus seres queridos un casillero de huevos (60 pesos), un kilo de frijol (30 pesos) y un kilo de tortillas (20 pesos), que dan un total de 110 pesos y restan 13.22 pesos, para comprar agua purificada.

Durante la pandemia, los productos que incrementaron su precio considerable fue el frijol que podía encontrarse hasta en 45 pesos, el arroz de 19 pasó a los 29 pesos, el casillero de huevos llegó hasta 100 pesos. En un sondeo con amas de casa, coincidieron en decir que una despensa dura en promedio de tres a cuatro días, y la prioridad es adquirir alimentos y productos de aseo personal.

Sin embargo, la captación de ingresos no es lo único que define la situación de pobreza en el estado, pues en la educación por cada 100 guerrerenses mayores de 15 años, 14 no saben leer ni escribir (INEGI, 2015), tan solo el 55 por ciento de la población tiene agua potable en su vivienda, el 60.2 tiene un sistema de drenaje regularizado, el 97.3 tiene energía eléctrica.

El gobierno de Guerrero y el federal tienen programas de Becas de Excelencia, Apoyo Económico a Adultos Mayores y Personas con Discapacidad, Un Cuarto Más para mejorar la infraestructura de las viviendas, apoyos a campesinos, entre otros más, que hasta el momento no han logrado mejorar las estadísticas de la pobreza en Guerrero.

Y esa pobreza platea fuertes limitantes ahora que se implementa la educación a distancia como una forma de continuidad en la formación académica ante el confinamiento a que obliga la pandemia.

Obstáculos geográficos, accesos a la nueva tecnología de la comunicación, conocimiento sobre el uso adecuado de las mismas por parte de los diferentes actores de la educación, actitudes y habilidades para la autoformación, cobertura en los servicios estratégicos, entre otros elementos, generan un panorama que no ha sido suficientemente atendido en el rediseño de las estrategias de la educación ni en México ni en Guerrero.

Los retos de a educación bajo la pandemia son muy superiores a protocolos de salud y a transmisiones televisivas o en internet pues se trata es enseñar al educando a resolver el empobrecimiento a consecuencia de la enfermedad.

La pandemia del Covid-19, ha mostrado que el único escenario real en Guerrero, es que los pobres, serán más pobres en tanto no haya un plan estratégico para la reactivación económica.

En un país bien gobernado la pobreza es motivo de vergüenza, en un país mal gobernado la riqueza concentrada es vergonzante, diría la abuela.