Algunos retos del 2020

Ante todo expresar los mejores deseos para los lectores en este nuevo año.

Los próximos doce meses despiertan esperanza y, para algunos, demasiada incertidumbre. Estamos en un proceso que pretende el cambio de régimen, transformar el modelo de desarrollo económico y generar nuevas formas de relaciones sociales.

Hay algunos cambios que ya están proceso. Las antiguas estructuras de poder y su forma de operar han sufrido alteraciones, fisuras, pero no han desaparecido y la posibilidad regresiva no puede descartarse.

En los proyectos económicos y políticos, la visión regional de la Cuarta Transformación fijo criterios diferentes que, hasta el momento, se atojan más como distorsiones que como una nueva conformación de espacios económico-sociales.

En este año, los proyectos regionales del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, del gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, van a comenzar a materializarse y son tres los que figuran como claves: Tren Maya, Istmo de Tehuantepec y Zona Libre de la Frontera Norte.

La lectura más simple permite concluir que , en la política de desarrollo del gobierno de la 4t, no se contemplan a las regiones Bajío, occidente, centro-norte y centro del país, algunas que son bastiones económicos del territorio nacional.

La región sur parece incluida, pero termina dividida pues la ubicación de la obras tiene impacto en la zona que va del Istmo de Tehuantepec hacia la península de Yucatán y se estima que la inercia favorecerá a la parte que va del mismo punto hacia Guerrero, lo cual no necesariamente es así.

A medida que pasan los años, Guerrero ha pasado a ser la entidad mexicana de más alta marginación entre las treinta y dos que conforman la República Mexicana.

En términos del análisis del índice de Marginación a nivel intra regional, se encuentra que de las siete regiones en que se divide Guerrero, en tres: Centro, Montaña y Costa Chica, donde vive 40 de la población estatal, se presenta una media de muy alto grado de marginación.

En las otras tres regiones: Tierra Caliente, Costa Grande y Norte, donde se ubica 37 por ciento de los guerrerenses, su nivel de marginalidad es alto y sólo en la región Acapulco, donde se asienta un poco más de 23 por ciento de la población del estado, el grado de marginalidad es bajo.

Tales resultados demuestran que 63 por ciento de la población, un poco más de dos millones y medio de  guerrerenses, viven en condiciones de alta y muy alta marginación, padeciendo carencias de servicios de salud, educación, vivienda digna y empleo.

Las nuevas perspectivas de la búsqueda del desarrollo reclaman establecer prioridades que estimulen la construcción de horizontes de bienestar social, donde se satisfagan las demandas emanadas desde los ámbitos locales.

La diversificación de la economía estatal ha sido un sueño largamente acariciado pero nunca concretado.

Hay, al menos, tres factores que han ido acotando las posibilidades de desarrollo de Guerrero: en lo financiero, presupuestos insuficientes y ejercidos de manera poco racional, en lo geográfico, una orografía que dificulta las obras de infraestructura básica y en lo social una conflictiva que se manifestado en diversas formas de violencia, exacerbada ahora por el crimen organizado.

Guerrero ha modificado la condición de estado marginado. En 2005, se mantuvo como la entidad más marginada del país, situación que se reflejó en sus municipios y regiones.

A nivel municipal, en 1995 tenía 34 municipalidades con alto grado de marginación, de las 75 que lo conformaban; en la actualidad, este mismo calificativo lo presentaban 34 de las 81 municipalidades en que se divide actualmente.

La variación positiva en los indicadores y la estadística no es suficiente para superar las condiciones de marginación y pobreza.

En seis de las siete regiones la marginación es un problema generalizado, reflejado en medias de muy alto y alto grado de marginalidad, lo que indica que el 63 por ciento de la población permanece en condiciones de marginación en diversos grados.

El Estado debe de tomar en cuenta tales disparidades de atraso en los ámbitos locales para una mejor planeación del desarrollo regional y que lo anterior coadyuve a mejorar la equidad distributiva del desarrollo económico y social. Donde la desigualdad y exclusión en que se encuentra la mayor parte de la población se contraiga o termine en un mediano plazo.

El reto es que en la visión de desarrollo regional del nuevo gobierno Guerrero y la mitad de Oaxaca, solo recibirían beneficios inerciales de los proyectos estratégicos, por lo se requiere una visión introspectiva de los gobiernos del sur para replantear el desarrollo.

A veces, la mejor ayuda es la que uno mismo puede darse, diría la abuela.