Contra el huracán: el ojo del algoritmo
El que sirve a dos amos con uno queda mal. La patria es primero
La iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la doble nacionalidad ha provocado críticas y descalificaciones que parten de una interpretación equivocada: no pretende quitarles derechos a millones de mexicanas y mexicanos que tienen dos nacionalidades.
Un mexicano que vive en Estados Unidos, tiene también la nacionalidad estadounidense y trabaja, estudia o desarrolla su vida allá no tendría que renunciar a ella. La reforma está dirigida a quienes aspiren a ocupar determinadas responsabilidades del Poder Ejecutivo: la Presidencia de la República, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Y aquí cambia la discusión.
Quien aspire a gobernar no es un ciudadano cualquiera en el ejercicio del poder. Representará al Estado, tomará decisiones sobre seguridad, recursos públicos, territorio, relaciones políticas y los intereses de millones de personas. Por eso resulta legítimo preguntarse: ¿a qué país debe lealtad quien gobierna?
El que sirve a dos amos, con uno queda mal.
La propuesta busca evitar posibles conflictos de intereses, obligaciones o lealtades derivados de mantener simultáneamente la ciudadanía de otro Estado. No se castiga la doble nacionalidad ni se cierran las puertas a quienes la poseen. Si alguien con otra nacionalidad quiere aspirar a esos cargos, podrá hacerlo cumpliendo las nuevas reglas, entre ellas renunciar a la segunda nacionalidad.
Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca y Grupo Elektra, ha manifestado aspiraciones presidenciales y ha criticado la iniciativa. Está en su derecho. Pero tampoco puede utilizarse a millones de migrantes mexicanos como argumento para defender un interés político particular. Ellos podrán conservar su doble nacionalidad porque la reforma no está dirigida contra sus derechos.
Gobernar un país supone algo distinto. Quien pretenda encabezar el Estado mexicano debe asumir que por encima de intereses económicos, personales o extranjeros está el interés nacional.
Vicente Guerrero lo resumió hace casi dos siglos en una frase que conserva toda su fuerza: “La patria es primero”.