Comunitarios: respeto a la capital  

Como un desafío al Estado Mexicano, fue tomada la advertencia de un grupo que maneja policías comunitarias, que amagó con tomar la capital de Guerrero, con la irrupción de “miles de hombres y mujeres armados”, cuyo plazo venció el pasado domingo 24. Es la fecha, y el contingente armado no arribó a la capital. ¿Qué pasó?

Se trata del auto llamado Frente Unido de Policías Comunitarios del Estado de Guerrero (FUPCEG), que hace poco más de un mes en conferencia de prensa y redes sociales amenazó con “tomar Chilpancingo”, y que “no se dejarían desarmar”. La advertencia encendió focos rojos de los tres niveles de gobierno.

El Fupcep, tiene su base en Heliodoro Castillo –Tlacotepec-, y lo integran contingentes de comunitarios armados; el Fupcep es rival encarnizado de otro grupo focalizado en Leonardo Bravo –Chichihualco-.

El Fupcep, exige que el gobierno estatal y hasta el federal atrapen a un jefe criminal; de otra manera -amenazan- irrumpirán y tomarán la capital.

O sea, pretenden que el gobierno quede en medio del conflicto, se involucre y resuelva diferendos; incluso, hay desplazados en la CDMX, derivado de ese problema, a quienes se atienden.

Si el gobierno estatal y el federal fuesen de corte militar, entonces sí: Actuarían de inmediato, enviando a la fuerza pública armada, echando bala, con resultados sangrientos, funestos, y habría heridos, muertos, perseguidos, encarcelados y mucho luto, dolor, huérfanos, viudas; el escándalo sería internacional.

NO es así: Tanto el gobierno estatal que encabeza el mandatario Héctor Astudillo Flores, como el federal que dirige Andrés Manuel López Obrador, son de corte civil; optan por el diálogo, por el acuerdo consensado; por llegar a un arreglo que beneficie a las partes, por muy negativas que éstas sean, pues los grupos hasta se acusan de criminales y narcos.

De manera inteligente actúa el gobernador Astudillo Flores y su Secretario General, Florencio Salazar Adame: NO se meten en medio del conflicto entre los grupos de Tlacotepec y Chichihualco. El de Tlacotepec, amenazó con “tomar Chilpancingo”, cuyo plazo “venció” el pasado domingo 24.

El presidente AMLO no encabeza -hasta ahora- un gobierno militar o de corte fascista, que caiga a la primera provocación de cualquier grupo armado, por muy chingón que se sienta. Sin embargo, grupos de autodefensa y sus policías comunitarios ya rechazaron a la Guardia Nacional… A ver qué pasa más adelante.

AMLO, prefiere que primero sea el gobierno estatal el que resuelva cualquier conflicto en Guerrero; eso se llama respeto a la autonomía de los estados.

Y si el problema se agudiza, entonces el gobernador Astudillo Flores pide el apoyo de la Federación, para proceder a lo que convenga, anteponiendo la paz y la concordia. El gobierno de Astudillo, tampoco es una dictadura bananera.

Ya lo advirtió AMLO: Nada por la fuerza. El presidente AMLO, el pasado sábado recibió su primer abucheo cuando inauguró el estadio de Beisbol Los Diablos Rojos del México… ¡Para que vea lo que se siente!

Emiliano Zapata Salazar, para algunos un caudillo, para otros un bandido, fue el único quien ha intentado tomar Chilpancingo, después de terminada la Revolución Mexicana, al frente de un contingente de alzados, hace más de un siglo.

Los hombres y mujeres de la capital guerrerense se organizaron fuertemente armados, colocaron trincheras a la entrada de Chilpancingo (Tierras Prietas), apoyados por mucha gente de municipios aledaños, “para darle el recibimiento que se merecía Zapata”.

¿Y qué ocurrió?… ¡Zapata NO tomó la capital de Guerrero!… ¡Se rajó!

El Caudillo del Sur, regresó con sus hombres a su natal estado de Morelos, donde después sería asesinado cuando este país lo gobernaba  Venustiano Carranza.

Los habitantes de la capital de Guerrero, esperan que ningún grupo armado tome por la fuerza la capital. Cualquier grupo armado debe pensarlo detenidamente. ¡Sería un suicidio!, pero además, una falta de respeto.

SNTE… ¡DESAPARECIÓ EN GUERRERO!

Todo es cuestión de tiempo, pero la suerte del SNTE está echada: Será desmantelado totalmente, y todas sus secciones desaparecidas, incluida la de Guerrero que encabeza el inútil y bueno para nada, Javier Sanmartín Jaramillo, quien recientemente tuvo la ocurrencia de encabezar burdas movilizaciones callejeras, para ver que provecho sacaba.

En Guerrero, más de 75 mil maestros y trabajadores de la educación, no cuentan con un verdadero sindicato que los defienda; que verdaderamente vele por sus intereses. La única organización que realiza movilizaciones es la corrupta y radical Ceteg; los charros institucionales están debajo de la lona.

Sanmartín Jaramillo, títere de Emiliano Díaz Román (saqueó la Subsecretaría de Educación Básica) sueña con ser candidato a la alcaldía de Iguala, cuya plaza ya tiene dueños: Morena y el figueroismo.

Emiliano, es una mala caricatura, pero es quien manda en el cascarón llamada Sección 14 del SNTE, que fue vandalizado por la mafiosa CNTE… Punto.

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