La ausencia del poder público

En Acapulco la inseguridad pública es consecuencia de la corrupción. Si ésta no existiera, o fuera mínima, la violencia no hubiera llegado a la exacerbación. El crimen se “organizó” por la coordinación de los delincuentes con el ámbito del gobierno, por ejemplo, los cuerpos policiacos.

Cuando esa coordinación se establece, las ciudades transcurren al margen de la ley, y las policías están al servicio de los delincuentes y la ciudadanía es una colectividad desamparada.

En el caso de Acapulco, las policías municipales no cumplen con la obligación de prevenir el delito, guardar el orden público y dar seguridad a los residentes y visitantes. Es una ciudad sin ley, cuya anarquía, es decir, la ausencia de poder público, la mantiene en la confusión y en el desorden.

Daremos unos ejemplos en apariencia insignificantes:

La Dirección de Tránsito Municipal omite la obligación de instalar en las esquinas las flechas que señalan si las calles son de uno o doble sentido, por lo cual (“lo que no está prohibido está permitido”) los automovilistas circulan por donde se les da la gana.

Esto se observa en el Centro de la ciudad, sobre todo en el primer cuadro, en donde las colisiones entre dos vehículos son frecuentes.

Los peatones, aun sabiendo la dirección de la circulación vehicular, antes de cruzar una calle tienen que ver a la derecha y a la izquierda, sabedores del desorden en el tránsito de automóviles. Si el viandante no lo hace, se arriesga a ser atropellado.

Además, por las zonas céntricas no se ven las motocicletas y patrullas de la Policía Vial. Éstas solo “vigilan” las zonas turísticas y las avenidas muy transitadas.

Pero esa “vigilancia” se concreta a detener automovilistas con placas de otros estados (turistas) quienes son extorsionados por los policías viales con la amenaza de ser llevados a las instalaciones de la Dirección de Tránsito, en donde el vehículo será introducido a un corralón. Si hay un arreglo in situ, el supuesto infractor debe desembolsar 500 pesos; si el auto llega al corralón deben ser 800. En ninguno de los dos casos se extiende un recibo oficial.

Así es de lucrativo ser patrullero o motociclista de la Policía Vial.

Por otra parte, los elementos de la Policía Preventiva no previenen el delito, y en ocasiones lo propician siendo ellos los actores del quebrantamiento de la ley, al cohabitar con la delincuencia o al despojar de su pago quincenal a los trabajadores.

Este es el caos en el que transcurrimos. Por la ausencia de poder público, Acapulco es una ciudad sin ley. Lo sabemos todos, desde el más humilde de sus habitantes hasta el presidente municipal de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre. Los pobladores poco o nada podemos hacer, las autoridades municipales no pueden o no quieren solucionar ese estado de cosas.