López Obrador y Venezuela

 Nicolás Maduro, el todavía presidente de Venezuela, llevó a la ruina económica a su país en unos cuantos años, y según informan los medios, más de tres millones de venezolanos han abandonado el país huyendo de la pobreza y de un gobierno que consideran una dictadura de izquierda.

El sucesor de Hugo Chávez enfrenta un dilema: renunciar y asilarse en un país que lo acepte, que podría ser Rusia, Bolivia o México, o convocar a elecciones presidenciales. Esta última opción lo llevaría a la derrota electoral, pues los comicios serían observados  atenta y cuidadosamente por la comunidad internacional, imposibilitando un fraude electoral.

Declararse dictador, sería estallar una guerra civil con la intervención soterrada de la Rusia de Putin y de los Estados Unidos de Trump, con el riesgo del calentamiento de la actual Guerra Fría, y ponernos en peligro inminente de una guerra mundial, pues los líderes de las dos principales potencias son proclives a la beligerancia.

El panorama no es halagüeño… y sí amargo y áspero.

¿Cuál es el peligro para México?

Que la política internacional del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es algo así como la Doctrina Estrada de la época del viejo PRI; es un error que consiste en confundir épocas o situar la acción fuera de tiempo.

En un mundo que está globalizado, ningún país se puede aislar. Somos, de acuerdo con  Marshal McLuhan, un planeta convertido en una aldea en donde los intereses son comunales.

De hecho, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, está interviniendo en el conflicto venezolano. Sus abstenciones son un apoyo tácito al régimen de Nicolás Maduro: país que no condena al gobierno autocrático venezolano está a su favor.

Un gobierno instalado por la vía democrática, como el de AMLO, debe favorecer con su política internacional a las democracias, y no a un régimen, que como el de Maduro, restringe las libertades y llevó a la ruina económica a Venezuela.

Ojalá Andrés Manuel López Obrador reoriente  su política internacional, canalizándola a la corriente de la comunidad internacional, pensando en los intereses de un país, que como México, está en espera de dar el paso largo y firme que lo encamine hacia el progreso.

¿Por qué nadar en contra de la corriente?

Más temprano que tarde Nicolás Maduro será defenestrado, su derrota debe ser sólo de él, y la victoria de la democracia, y sobre todas las cosas, un triunfo de los venezolanos.

Un gobierno, como el de Maduro, dispuesto a reelegirse un sinnúmero de veces, es antidemocrático.

¿Qué gana México apoyándolo?