Más claro que el agua

Los abucheos a los  gobernadores  cuando estos acompañan  al presidente Andrés Manuel López Obrador en las visitas a su estado, son, “con el debido respeto a la investidura presidencial”, una broma de mal gusto, y en el extremo de la suposición, una falta de cortesía por parte del tabasqueño.

Los operadores políticos, quizá acatando las instrucciones de los llamados “súper delegados”, nada (o poco) hacen para evitar las rechiflas insolentes, y el presidente, con una cínica sonrisa de satisfacción, pide respeto para el gobernador del estado. “La campaña electoral ya terminó”, acostumbra decir a los corifeos de la denostación.

En mucho afecta esa actitud de AMLO a la consolidación de nuestra democracia que pone en riesgo la estabilidad política del país.

Lo que más preocupa es que parece ser una diversión, o una travesura, del Presidente de la República, que por su edad y los muchos años de actividad política, debe comportarse como una persona madura, es decir, con buen juicio, prudencia y sensatez.

Al gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, ya  le tocó “la broma de mal gusto” cuando recientemente el presidente visitó Tlapa, y próximamente (el 22 de marzo) que volverá AMLO al estado (Acapulco), posiblemente los corifeos de la denostación le dediquen otra rechifla con los consabidos insultos.

Y como acostumbra, Andrés Manuel López Obrador ofrecerá sus disculpas y les recordará a los mofadores que la campaña ya terminó.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia al triunfar en las elecciones con un poco más de treinta millones de votos. Es, por lo tanto, un presidente legítimo, que para conducir a México por el camino del progreso, debe buscar la unidad de todos los mexicanos y el equilibrio de todas las fuerzas sociales, condición indispensable para llegar a la gobernanza, que es el arte o manera de gobernar en donde se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.

La fuerza que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador es la democracia. Le corresponde al presidente respetarla, y sobre todo, respetarse a sí mismo.

Su periodo es de seis años, ni uno más.

En este México del tercer milenio no cabe ningún tipo de dictadura, ni siquiera la de un partido político.

Seguiremos en la alternancia del poder ejecutivo, porque así lo queremos la inmensa mayoría de los mexicanos, y eso está más claro que el agua.