La dignidad perdida

Si algo ha enturbiado la imagen de los alcaldes que han gobernado Acapulco recientemente es una Plaza Álvarez (“zócalo”) convertida en sucio mercado, en donde se comercia “de todo”, y en ese “todo” se incluyen productos ilegales, como son los discos “piratas”, sin duda el estandarte de la impunidad que ondea ante los ojos de propios y extraños: una ciudad sin ley, insegura y en franco declive que no hace mucho fuera el principal centro turístico del país.

El “zócalo”, un zoco o mercadillo, ha sido el sentimiento de la pérdida de dignidad de los acapulqueños. Su permanencia, la muestra de la incapacidad de algunos de los gobernantes, del poco cariño y respeto que sienten estos por la ciudad que gobiernan.

No hace mucho, el gobierno federal remodeló la Plaza Álvarez, y las obras, que aún no concluyen, se hicieron con todo y los comerciantes trabajando. Se construyeron bancas para el público que asiste a ese tradicional espacio de esparcimiento, pero los comerciantes se apoderaron de ellas, instalando su mercancía.

Algunos años antes, las leyendas urbanas abundaron: “el crimen organizado compró la plaza al Ayuntamiento”,  “ellos cobran el derecho de piso” y “la Secretaría municipal de Finanzas no recibe un solo peso de impuestos”. Empero, estas son leyendas, o sea una narración de sucesos fantásticos que se transmiten por tradición. No podemos asegurar sin tener pruebas qué es lo que pasa allí, ni el grado de complicidad gubernamental ni hasta dónde puede llegar el temor de los políticos a esas fuerzas ocultas que se habrían apoderado de la Plaza Álvarez y provocaron el sentimiento de la pérdida de dignidad de los acapulqueños.

Pues bien: El lunes pasado la Plaza Álvarez amaneció limpia de vendedores; ayer, martes, también. ¿Por qué? Porque el presidente municipal Evodio Velázquez Aguirre llegó a un acuerdo con los comerciantes invasores.

¿En qué consiste dicho acuerdo? En que los comerciantes dejarán libre la Plaza Álvarez los lunes, martes y miércoles, no así los jueves, viernes, sábados y domingos, cuando los mercaderes instalarán su zoco o mercadillo a su libre arbitrio.

Nada nuevo. No hace mucho se llegó a un acuerdo similar, pero los comerciantes invasores no lo respetaron, pues como todo mundo sabe, no es posible confiar en la gente que medra económicamente fuera de la ley.

Confiar en ellos, sería lo mismo que esperar con firmeza y seguridad que los narcotraficantes respetaran un hipotético acuerdo de no ejecutar a nadie tres días a la semana.

No aplaudiremos al alcalde Evodio Velázquez Aguirre, pues ese “acuerdo” claramente “provisional” no será respetado. Lo aplaudiremos y reconoceremos su gestión cuando expulse definitivamente a los mercaderes del “zócalo”…Cuando nos regrese la Plaza Álvarez y nos devuelva la dignidad perdida.